enunció a todo tipo de honores, premios y vivió humildemente evadiendo todo aquello que implicara vivir cómodamente. Su profesionalismo estuvo acompañado de un fuerte compromiso social, especialmente con las comunidades indígenas en el ámbito económico, humano y cultural.
Tras graduarse de médico en 1926 con diploma de honor, Laureano Maradona ejerció la profesión en Estanislao del campo, una localidad de la provincia de Formosa. Allí se instaló durante 50 años prestando su ayuda a las comunidades de tobas, matacos, mocovíes y pilagás y posteriormente desarrolló obras científicas sobre antropología, flora y fauna.
Si bien al principio fue rechazado por los pueblos que habitaban el territorio, que no confiaban en la benevolencia de “los blancos”, el Dr. Maradona logró entablar una buena relación con los caciques de cada grupo y se interiorizó en sus necesidades. Tanto se involucró que llegó a ser nominado tres veces para el Premio Nobel.
En el Día del Médico Rural se recuerda la frase que deja plasmada su vocación y compromiso: “no hice otra cosa que cumplir con mi juramento hipocrático de hacer el bien al prójimo”. Su misión consistía en “renunciar a uno mismo” para realizarse íntegramente como humano.