Aunque en un primer momento no suelen ser considerados como un problema de salud, los episodios recurrentes terminan por afectar el bienestar general. Para evitar complicaciones, vale la pena poner en marcha algunas pautas.
Una alimentación balanceada no pasa únicamente por mantener un menú perfectamente equilibrado, también por comer a las horas adecuadas. Lo ideal es cenar al menos dos horas antes de irse a dormir. Los ingredientes ligeros y de rápida digestión son los más adecuados. Prescindir de bebidas estimulantes como café o té después de las dos de la tarde, así como no abusar del consumo de bebidas alcohólicas.
Ya pensando en irte a dormir, no realizar actividades estresantes. Esto incluye costumbres como llevarse el trabajo a casa, estar continuamente viendo la pantalla de nuestro móvil, o ver en la televisión alguna película o serie de terror.
Otros buenos hábitos para evitar las pesadillas pasan por tener una hora fija para levantarse en las mañanas e irse a dormir al final de cada día. Esta rutina genera un equilibrio mental que ayuda a conseguir sueños lejos de traumas.
El ejercicio regular es otro aspecto. El sedentarismo nunca es sinónimo de buena salud, llevar a cabo los entrenamientos en la tarde o en la noche es muy útil para ir a la cama lo más relajado posible. Si lo anterior se complementa con técnicas de relajación como la meditación, mucho mejor.
Aun cuando la gran mayoría de los pequeños deben lidiar con los malos sueños (entre los cuatro y los siete años suele ser un período crítico), los adultos no están exentos. Si sufrís de malos sueños de manera recurrente o si se trata siempre de una situación que se repite constantemente, lo mejor es pedir ayuda a un profesional para encontrar el origen del problema y poder superarlo.
Fuente: Ok diario