Consultado por Infobae, Cardinali, especialista en fisiología y farmacología con más de 50 años de estudio en melatonina, y quien ha desarrollado sus aplicaciones terapéuticas más famosas en la Medicina del Sueño, explicó, “el estudio preliminar Recovery de la Universidad de Oxford planteó con éxito en miles de pacientes que los corticoides en dosis bajas a través de la droga dexametasona (como agente antiinflamatorio) reduce un tercio los episodios fatales frente a los enfermos por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2.
Pero de los corticoides también hay que decir -advirtió Cardinali- que no previenen la crisis inflamatoria que provoca el COVID-19 en el organismo -por algunos expertos definida como una tormenta de citoquinas- y responsable de la espiralización hacia un cuadro grave donde el paciente requerirá internación en una Unidad de Terapia Intensiva (UTI) y sumado a que si este tipo de pacientes se reproducen en forma exponencial podrán como primer consecuencia inmediata, generar un colapso del sistema sanitario. Frente a esto se abre un lugar destacado para el aporte de otro agente antiinflamatorio como la melatonina, que no solo tiene la condición positiva de ser un agente antiinflamatorio, sino también de ser inmunoreguladora”.
El doctor Cardinali de la UCA publicó un artículo en la revista científica Melatonin Research en el que explica que, si bien en los pacientes infectados con COVID-19 los hallazgos clínicos indican que la inflamación excesiva y un sistema inmunitario deprimido contribuyen sustancialmente a la enfermedad pulmonar, otras evidencias avalan una lesión importante del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal). Un reciente informe de infiltración viral del tronco encefálico en muestras patológicas de pacientes fallecidos por coronavirus plantea la posibilidad de que parte de la fisiopatología del cuadro infeccioso sea de origen neurológico.
El potencial terapéutico de la melatonina como agente para contrarrestar las consecuencias de las infecciones por COVID-19 se debe a sus efectos de gran alcance como un poderoso antioxidante, antiinflamatorio e inmunoestimulante, así como a una posible acción antiviral. Es por eso que el trabajo de Cardinali por un lado, reafirma lo ya conocido de la melatonina como los efectos protectores que ejerce sobre el cerebro; y por el otro, que a diferencia de los corticoides convencionales -que se usaron en Recovery- es inmunomoduladora.
Analizar las secuelas neurológica del COVID-19 y su impacto en el Sistema Nervioso Central (SNC) refuerza la idea de que la enfermedad que causa el SARS-CoV- 2 no se trata solo de una infección pulmonar como se creyó en el primer momento que apareció la pandemia, sino que en realidad se trata de una infección generalizada que abarca al SNC. Y la prueba más contundente de que el coronavirus afecta al SNC es la aparición de síntomas en los positivos como la anosmia (falta de olfato ) y disgeusia (falta de gusto); al punto que en el caso argentino la autoridad sanitaria Nacional (el Ministerio de Salud) incorporó esos síntomas a la definición de caso sospechoso.
“Lo que tenemos que resolver en el tratamiento con melatonina es la precisión de las dosis. En los protocolos que ya hemos presentado a la autoridad regulatoria Nacional (ANMAT) ya planteamos la necesidad de que nos aprueben el aumento de las dosis de melatonina para la terapéutica contra el coronavirus. Estas dosis deben ser superiores respecto de las que habitualmente se venden por venta libre, para que pueda ejercer ese rol protector sobre el SNC y transformarse en una herramienta preventiva para los contagiados de COVID-19”, afirmó Cardinali.
Y con un entusiasmo contagioso y asertivo que le proveen las evidencias científicas que surgen de sus últimos estudios, Cardinali propone que se aplique melatonina rápidamente una vez que se detecte un positivo, para evitar así que la enfermedad escale en el paciente. Sin embargo, los resultados promisorios del protocolo clínico no alcanzaron para que la ANMAT apruebe el trabajo.