Según un trabajo publicado en la revista Appetite, quienes comen frente a una pantalla tienden a repetir este patrón en la siguiente comida. La explicación está en la falta de registro mental de lo que se consumió, lo que debilita la capacidad del cuerpo para reconocer cuándo ha sido suficiente.
Además, según la Unidad de Nutrición y Comportamiento de la Universidad de Bristol, esta falta de atención plena incrementa la posibilidad de engordar, ya que no se es consciente de la cantidad de alimentos que se están tomando.
En niños y adolescentes, se comprobó que comer frente al televisor o el celular se asocia con un mayor consumo de productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y snacks, y con una menor presencia de frutas, verduras y agua en la dieta. También se observó un vínculo con el sobrepeso y la obesidad infantil, según una revisión internacional publicada en Obesity Reviews.
En adultos, los efectos son similares. Investigaciones en neurociencia señalan que este tipo de distracción puede interferir con hormonas clave como la leptina y la grelina, encargadas de regular el hambre y la saciedad. Esto vuelve más difícil identificar cuándo parar de comer.
Asimismo, comer distraído provoca digestiones pesadas, hinchazón abdominal y gases, ya que se traga más aire. También incrementa el estrés y puede interferir con el sistema nervioso y el metabolismo. Además, existe una mayor posibilidad de atragantamiento al no prestar atención a la masticación y deglución.
Almorzar o cenar mientras se trabaja frente a la computadora reduce la calidad de la alimentación, aumenta la velocidad al comer y debilita la percepción de saciedad. Además, la falta de pausa y el estrés sostenido pueden favorecer el consumo emocional y el exceso de alimentos calóricos, sobre todo en entornos laborales exigentes.
El escenario ideal para comer, según la ciencia
Especialistas en nutrición y salud mental coinciden en que el acto de comer debe ser un momento consciente, sin distracciones y con atención plena. Esto mejora la relación con la comida, favorece una mejor digestión y permite mantener un peso saludable.
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Masticar lento y saborear los alimentos: favorece la digestión, mejora la saciedad y permite disfrutar más la comida.
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Destinar al menos 20 minutos para comer sin interrupciones: comer rápido impide que el cuerpo registre a tiempo la sensación de estar lleno.