Al efectuar este desplazamiento, estas dos masas rozan contra el fondo de los mares poco profundos como el de Bering o el de Irlanda. El rozamiento convierte la energía de rotación en calor y hace que el movimiento de rotación de la Tierra alrededor de su eje vaya disminuyendo poco a poco. Las marcas actúan como un freno sobre la rotación de la Tierra, y como consecuencia de ello los días terrestres se van alargando un segundo cada mil años.
Pero no es sólo el agua del océano lo que sube de nivel en respuesta a la gravedad lunar. La corteza sólida de la Tierra también acusa el efecto, aunque en medida menos notable. El resultado son dos pequeños abultamientos rocosos que van girando alrededor de la Tierra, el uno mirando hacia la Luna y el otro en la cara opuesta de nuestro planeta. Durante este desplazamiento, el rozamiento de una capa rocosa contra otra va minando también la energía de rotación terrestre.
Por supuesto, la luna también se ve afectada por la atracción gravitatoria de la Tierro, pero eso queda para otra entrega.
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