Probaron todos los métodos para sofocar el fuego: primero agarraron un matafuegos que había en la cabina. Si bien pudo apagarlo por un instante, enseguida volvía a resurgir. Lo que finalmente terminó por extinguirlo fue colocar el celular en un balde con agua y hielo. Ya para este momento, el protocolo de seguridad de la aeronave se había activado.
El piloto, tan pronto como vio fuego en la cabina, dio una vuelta y se dirigió a Ezeiza, el aeropuerto que más cerca le quedaba. Allí, y una vez que aterrizaron, el hombre recibió atención médica por las quemaduras en sus manos. Tras un par de horas en espera, todos volvieron a abordar el avión para dirigirse al destino final, Esquel.
A pesar de que ahora el episodio es anecdótico, en el momento todos los pasajeros sintieron mucho miedo. Es más, varios de los niños comenzaron a llorar ya que muy rara vez se vio fuego en la cabina de algún avión. No obstante, y una vez que la llamarada se pudo apagar, las personas a bordo pudieron relajarse un poco más.