El comerciante le dio vueltas al asunto: quería encontrar un entretenimiento que fuera sencillo, que se pudiera transmitir por las redes para que todo el mundo se quedara a salvo y que pudiera convocar a la mayor cantidad de gente posible. Entonces pensó en un bingo virtual abierto a la comunidad: él iría sacando bolillas con números por streaming en vivo y los vecinos que quisieran jugar simplemente debían tener un cartón a mano –profesional si contaban en casas con el juego de mesa o hecho a mano si lo preferían– con quince números elegidos entre el 1 al 90. ¿Pero cómo controlar qué números tenía cada uno? Muy simple: a lo largo del día los interesados en jugar debían mandarle por WhatsApp a Sergio una foto con su cartón. Él se encargaría de procesar esos datos para controlar quiénes llegaban a completar una línea y el ansiado bingo con el cartón lleno.
El 23 de marzo se animó y lanzó la propuesta con un mensaje en su cuenta de Facebook donde convocaba a sus conocidos a conectarse en esa red social y participar desde las 22. En ese momento ofrecía pequeños premios que tenía en su comercio como incentivo para quienes quisieran jugar. Desde entonces no paró.
“La primera noche éramos como 80 personas, una barbaridad para nosotros. Y al día siguiente la cosa tomó algo de estado público y ya éramos 120, 130 personas”, recuerda y agrega: “Al otro día pasamos las 200 y ya empezaron los comerciantes de la zona a ofrecer más premios. Yo tengo una estación de servicio y arranqué con premios de mi propio negocio, con objetos de promociones. La cuestión es que con los días nos tapamos de premios. El último domingo, por ejemplo, éramos casi 400 personas en las redes sociales. Es decir que son 400 dispositivos prendidos en nuestro pueblo, conectados con nosotros, y a la vez teníamos la certeza de que había 1400 personas jugando con nosotros porque habían entrado al WhatsApp 1400 cartones”.
Con el correr de los días, el Bingo Salud se convirtió en un éxito, un juego que paraliza al pueblo todas las noches y que a la vez se transformó en un lugar de encuentro en plena cuarentena: durante las transmisiones en vivo los vecinos se escriben, comparten alegrías, se dan aliento y hasta bromean de manera virtual. Hace pocos días lanzaron también una versión del juego exclusivamente para niños.
Al ver que cada día era mayor la participación, Sergio buscó sofisticar las partidas, que al principio conducía y dirigía solo.
“Entonces se sumó mi amigo Fernando, que trabaja en la sala de bingo de Ramallo, y es una persona que maneja muy bien la tecnología. Él vio desde la casa el juego, porque venía participando con su familia y veía que yo a veces renegaba porque al comienzo era muy improvisado el sistema que teníamos para registrar los números y comunicarnos –detalla el comerciante–. Él armó un programa y aportó una computadora y la instaló acá. Ahora todas las noches, con todos los recaudos correspondientes, él se encarga del sistema, registra los números que van saliendo y va controlando los cartones cuando hay un acierto mientras yo canto los números”.
En los últimos tiempos, Butara y su amigo procesan cerca de 1200 cartones por día. “Hay gente que a las 2 de la mañana ya nos manda el cartón para la jugada del día siguiente. Esto demanda mucho tiempo. Yo estoy desde las 10 de la mañana recibiendo mensajes y también coordinando el tema de los premios. Por juego hay 15 o 17 personas que ganan, otros que quieren traernos premios para regalar. Los amigos y comerciantes, emprendedores de de la zona que nos llaman y dicen ‘pongo tal cosa, te mando un voucher por Whatsapp’. Es constante el movimiento”, señala el conductor del juego.
Según los últimos registros, en las últimas transmisiones, que llegan a durar hasta dos horas y media, jugaron participantes locales, pero también de ciudades cercanas y de otros países: “Esto superó los límites de lo que podría haber sido Ramallo (N. de la R: el partido tiene cerca de 33 mil habitantes). Ayer mirábamos en la fan page que tenemos gente de distintos países que juegan con nosotros. Tuvimos gente de España, hay gente de Colombia que se conecta todos los días, tengo unos amigos que están prendidos desde Cuba y Ecuador. También de gente que vive en el exterior y tiene familiares acá. Pasa que también en esos países están pasando situaciones complicadas como nosotros. Y se prenden cada vez más”.
Por su familia, Butara conocía algo del juego, pero jamás imaginó hasta dónde podía llegar su creación: “Yo soy nacido y criado acá en Ramallo. De hecho mi padre, que ya falleció, fue el fundador del bingo oficial de acá. Como toda mi familia, soy comerciante y somos gente relacionada con la comunidad. De alguna manera nosotros le debemos a la sociedad y por eso pensé en esto como entretenimiento. La gente en estos días necesita ocupar su tiempo”.
–¿Por qué eligió el nombre “Bingo Salud” para el juego?
–Yo estaba sintiendo que me iba a enfermar si no hacía algo. Estuve algunos días con esto en la cabeza y no me animaba. Y veía que tenía que hacer algo por mi salud y por la salud de mucha gente que estaba pasando una situación parecida a la mía. Era ir a un psicólogo a que me ayudara a manejar esta situación o buscar la manera de ocupar el tiempo en algo. Y, bueno, salió esto. Creía que era algo saludable, una actividad que nos iba a hacer bien a todos. De hecho, por los mensajes que recibo, sé que a las personas que se prendieron les hace bien. Y es que tiene un doble condimento: por un lado está el juego, el objetivo de ganar. Y, por otro lado, está el encuentro entre varios. No son siempre las mismas 300 o 400 personas que se reúnen, van rotando. Porque “el público se renueva!”, como dijo Mirtha Legrand (risas). (Infobae)