La crónica de diario Clarín la describió así: “El centroforward ladeó hacia el globo que venía por su izquierda, hizo pie también con ese lado y, cruzando la derecha por detrás de la zurda, recibió el esférico con un puntín de extraña precisión. El cuero se elevó y, como por un tubo, fue andando camino de la red mientras el estadio contenía el aliento y luego explotaba en una ovación formidable. ‘Hay que ponerle un nombre a esta jugada’, dijo alguien. Y surgieron las propuestas: ‘El gol de la sobrada’, opinaron en alguna parte. ‘El gol de la tijera’, exclamó otro. Y un tercero, hincha al fin, sentenció: ‘¡El gol infante!... y se acabó la historia’, Dijo eso y se acabó también el partido”.La revista El Gráfico fue la que terminó por darle un nombre a esa extraña jugada. Allí apareció una caricatura de Infante, autor del gol, vestido de alumno con el título: “El infante que se hizo la rabona”. La influencia de la revista en el fútbol era tan importante que a partir de ese dibujo comenzó a llamarse gol de rabona.Fue el Bichi Borghi uno de los que más veces la ejecutó y aún se recuerda al jugador surgido en Argentinos Juniors por esa habilidad. Ángel Di María la realizó muchas veces pero jugando en tierras europeas. El último gol en el fútbol argentino lo había festejado el Chacho Coudet en 1996 y con la camiseta de Rosario Central.