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Ser madre hoy: el desafío del concepto cultural y el significado de maternar

En los tiempos que corren el "ser madre" mutó y actualmente no es sólo la persona que concibe a un hijo.

La maternidad ha experimentado cambios significativos a lo largo de las décadas. Hoy, ser madre se da en un contexto en el que se desafían los paradigmas tradicionales y se redefine el concepto con un enfoque en la empatía y la comprensión profunda de las vivencias de las mujeres, madres, gestantes.

En la sociedad los modelos de crianza se transmiten de generación en generación, lo que da lugar a una amplia diversidad de enfoques y estilos. Independientemente de la tradición familiar, maternar implica la habilidad de reconocer y satisfacer las demandas específicas del hijo, contribuyendo a su crecimiento armonioso. Esto abarca cuidados y educación, compañía y protección, alimentación y seguridad emocional.

Entonces, ¿dónde se encuentran las mujeres actuales en su experiencia de maternar? sanjuan8.com habló con cuatro mujeres sobre el concepto de la maternidad, cada una con una vivencia distinta: Jésica, hace años se somete a tratamientos de fertilidad; Laura, tiene dos hijos, es separada y con papás no tan presentes; Cinthia, hace más de un año optó por ligarse las trompas sin haber sido madre y Daniela, decidió interrumpir su embarazo. Cuatro puntos de vistas sobre el concepto de la maternidad.

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Jésica:

Siempre quiso ser madre, pero como ella dice no fue hasta los 30 años que se le despertó el deseo de concebir. No tuvo la oportunidad de manera natural y sobre los 40 comenzó con tratamientos de fertilidad. En abril de este año realizó su quinto intento, hasta el momento, sin éxito.

“Cuando se te despierta el deseo de ser madre, no lo podés suplantar. Y el camino del tratamiento de fertilidad es muy duro, sobre todo cuando no lo conseguís”, contó.

Tras varios intentos fallidos, ella tuvo un quiebre emocional que la llevó a adoptar un perro y eso la ayudó a canalizar esa necesidad de maternar. “Puede sonar como una locura”, pero Milo, así se llama el bulldog francés que la acompaña, la ayudó a sentir su deseo y frustración desde otra perspectiva.

Por ejemplo, comenzó con @hablemosdefertilidad2023, donde a través de Instagram aborda todo lo que aprendió en estos años sobre fertilidad y tratamientos, en un contexto de visibilizar el tema para ayudar a mujeres que están en su misma condición. Esto también le permitió ver otras opciones para poder ser mamá.

Una vez me dijeron que hay diferentes maneras de ser madre, yo lo aprendí con Milo. Maternar es cuidar, proteger, enseñar y a veces no es con hijos gestados. La vida nos lleva por diferentes caminos, creo que cuando deseamos mucho un hijo ese bebé llega. Quizás no crece en nuestro vientre, pero sin dudas lo vamos a llevar siempre en nuestro corazón. Actualmente, estoy en el proceso de adopción”, dijo Jésica.

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Cinthia:

Se ligó las trompas hace más de un año, sin haber sido madre. Fue una decisión que trabajó durante un tiempo, pero que siempre sintió. Ella no quería ser madre, lo habló con su pareja actual, pero fue una determinación puramente propia.

Cinthia nunca soñó, ni fantaseó con la idea del embarazo. Dice que puede sonar egoísta, pero también le parece egoísta tener un hijo por mandato social.

“Conocí a muchas mujeres que cuando fueron madres se dieron cuenta que no hubiesen querido tener hijos, esto también me ayudó a decidir no hacerlo por cumplir con el “rol de mujer” porque a la larga sufre la madre y el niño. Para mí la maternidad y las infancias tienen que ser felices y cuando pasa más por un mandato social, eso se vuelve difícil”, expresó.

Destaca que ser madre es un acto de valentía, que no todas están preparadas para hacerlo y marca este concepto que se repite. “Maternar siento que lo hacemos todas porque para mí es dar amor en su lenguaje más puro. A un sobrino, a tus padres, a tu pareja, a tus amigos”.

Ya pasó un año desde que se ligó las trompas y aseguró no estar arrepentida. Sí destacó que, a pesar de su condición, hay otras formas de ser madre: “la adopción sería un acto de gran amor”.

Daniela:

Se quedó embarazada sin buscarlo y sintió que no era el momento de traer al mundo a una persona, por lo que decidió interrumpir la gestación. Fue hace unos años, cuando el IVE (interrupción voluntaria del embarazo) no era legal por lo que para ella fue una determinación muy fuerte por la carga social.

“Estaba terminando mi carrera, no tenía independencia económica, vivía con mis papás que tampoco atravesaban una situación financiera buena. Evalué todo y me dije no puedo traer a alguien a este mundo, cuando no me puedo ni mantener yo”, comentó a sanjuan8.com.

Durante mucho tiempo se sintió culpable, un poco empujada por el concepto negativo de la sociedad para con quienes deciden interrumpir un embarazo. “Ahora lo veo desde otra perspectiva, si bien hay mucha gente que todavía cuestiona estas decisiones, otras tantas ya lo entienden”, dijo.

Para ella traer un hijo al mundo implica una responsabilidad para con esa persona, el brindarle estabilidad emocional, asegurarle el plato de comida, la educación, no una vida de lujos, porque ella no la tuvo, pero considera que se debe estar preparada para poder afrontar todo lo que la maternidad conlleva.

Actualmente está en pareja, tiene estabilidad económica y no descarta ser madre. “Maternar no es solo parir, siento que pasa por estar dispuesta a hacerse cargo de otra persona, te diría, que “por el resto de tu vida”. Si me preguntas ahora, sí me gustaría ser madre”, confesó.

Laura:

Fue mamá a los 28 y 32 años, de un varón y una nena. Para ella la maternidad implica una entrega total y una gran responsabilidad porque su realidad no es la de la familia tradicional.

“Si bien la sociedad nos marca a las mujeres sobre el mandato de la maternidad, esa etapa donde te sentís plena y el mundo es casi perfecto. Una pareja que esté a la par, los niños con sus dos pilares presentes y el disfrute de todo lo que significa el amor más puro de estos seres que llegan a nuestras vidas. Mi experiencia me hizo vivir solo algunos de esos aspectos. A mi hijo mayor, lo crié sola, con un padre que se borró cuando se enteró de su llegada. En el caso de mi hija, un padre con el que vivimos bajo el mismo techo solo unos pocos años y después de separados, comparte muy poco tiempo con mi hija y, económicamente, no cumple al 100% con su responsabilidad”, contó.

Con este panorama Laura, durante mucho tiempo iba con sus hijos a todos lados, hasta a los espacios laborales. “Para mí eso era normal, lo hacía inconscientemente y segura. Porque para mí de eso se trata, de amalgamar nuestras vidas en base a nuestra historia de vida. Sí, muchas veces me cansé (y me canso) de saber que tengo que contar con dinero para mantenerlos, de resolver situaciones sola, de cuidarlos cuando enferman, de acompañarlos y guiarlos en la escuela, de responderles cuando me preguntan sobre las ausencias e irresponsabilidad de sus padres”, destacó.

Muchas veces se cuestionó no elegir bien a los padres de sus hijos, pero sabe que sin esa elección A y L nunca hubieran llegado a su vida. “No me imagino y no quiero una vida sin ellos. Son niños puros, respetuosos, sensibles, maduros (especialmente el mayor) y eso me hace tocar el cielo con las manos. Me hacen sentir que valió la pena ser una “mamá luchona”, como muchos, entre chiste, me lo dijeron. Me tocó esta oportunidad, de esta manera y la acepto. La disfruto al máximo. Hasta me convencí que de esa manera funcionó mi maternidad: dándolo todo, no dependiendo de una figura masculina porque lo puedo hacer sola, más allá de los errores lógicos de los mortales”, reveló Laura.

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A través de estas historias, entendemos que ser madres hoy se caracteriza por adaptarse a las diferentes realidades de las mujeres. Las madres modernas no solo son las protectoras y guías, sino también las defensoras de la diversidad, la igualdad y la empatía. La maternidad es, y seguirá siendo, una de las experiencias humanas más significativas, atravesada por la historia de cada mujer que opta por su camino.

¡Feliz Día de la Madre, a cada una con su concepto de maternar!