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Más adultos mayores, menos manos para cuidar: el futuro que ya piensa en robots

El envejecimiento de la población y la baja natalidad plantea un desafío que también alcanza a la tecnología: cómo acompañar y asistir a cada vez más personas mayores.

La inteligencia artificial suele aparecer en el debate público asociada al miedo a perder el trabajo. Sin embargo, detrás de esa discusión hay otra transformación que avanza al mismo tiempo: la baja natalidad, cada vez más adultos mayores y la tecnología comienza a buscar respuestas para acompañarlos.

Ese es uno de los escenarios que planteó Mario Pergolini cuando habla del avance de la inteligencia artificial y de los robots. Para el conductor y empresario, el desarrollo tecnológico no debería pensarse solamente como una herramienta para producir más rápido, sino también como una posibilidad para resolver problemas concretos de la vida cotidiana.

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La idea surgió, en su caso, a partir de una experiencia personal. Su madre perdió la visión alrededor de los 70 años y, al pensar en las dificultades que atravesaba, identificó algo que iba más allá de la discapacidad: la soledad.

Entre otras cosas, ella necesitaba saber qué hora o qué día era y podía encontrarse sola durante la madrugada. A partir de esa situación, Pergolini comenzó a desarrollar un asistente basado en inteligencia artificial que pudiera conversar, responder preguntas y acompañar a una persona sin necesidad de utilizar una palabra de activación como ocurre con otros asistentes digitales.

Una tecnología pensada para los mayores

El desarrollo también plantea una pregunta sobre cómo debería diseñarse la tecnología para una población que envejece.

No se trata solamente de que un dispositivo pueda responder preguntas. También podría recordar horarios, medicamentos, preferencias o determinadas necesidades de una persona.

En el caso de los adultos mayores, una tecnología que entienda el contexto puede tener una función diferente. Si alguien dice “me siento mal”, por ejemplo, no necesariamente está hablando de un dolor físico: puede estar atravesando un mal momento.

Ese tipo de interacción es uno de los desafíos que plantea la inteligencia artificial cuando se utiliza para acompañar a personas.

Del asistente al robot

El siguiente paso que imagina Pergolini es todavía más concreto: llevar esa inteligencia artificial al mundo físico.

Los robots humanoides podrían realizar tareas domésticas y, al mismo tiempo, convertirse en una herramienta de asistencia. Hacer una cama, ordenar una habitación, recibir un paquete o cuidar una planta son algunas de las funciones que imagina para estos dispositivos.

Pero también podrían tener aplicaciones vinculadas con el cuidado.

Un robot podría detectar una caída, recordar una medicación, interpretar información de dispositivos que utiliza una persona y comunicarse con un médico o un familiar ante una situación determinada.

En ese escenario, el robot dejaría de ser solamente una máquina que ejecuta órdenes para convertirse en una herramienta de acompañamiento.

El otro lado: trabajos que pueden desaparecer

La misma tecnología que puede ayudar a cuidar también puede modificar el mercado laboral.

Pergolini sostiene que algunos trabajos y, especialmente, determinadas tareas serán reemplazados por inteligencia artificial. Se refiere principalmente a actividades repetitivas, recopilación de información y análisis de grandes cantidades de datos.

Por ejemplo, tareas que hoy realizan estudiantes de Derecho para buscar jurisprudencia o reunir información pueden ser realizadas en mucho menos tiempo con inteligencia artificial.

En medicina también plantea una transformación: sistemas capaces de analizar imágenes podrían convertirse en herramientas de gran utilidad para los profesionales y asumir parte de tareas que hoy demandan muchas horas de trabajo.

La discusión, entonces, no pasa solamente por si la IA va a “quitar trabajos”, sino por qué tareas dejarán de necesitar intervención humana y cuáles seguirán dependiendo del criterio, la creatividad y el vínculo entre personas.

Automatizar para hacer lo que las máquinas no pueden

Para Pergolini, las empresas tampoco deberían incorporar inteligencia artificial simplemente porque es una tendencia.

El primer paso sería identificar qué procesos necesitan ser automatizados. Leer correos, recopilar datos, ordenar información, enviarla a clientes o realizar tareas repetitivas pueden ser algunos de los usos más concretos.

La lógica es sencilla: si una máquina puede hacerse cargo de una tarea rutinaria, las personas pueden dedicar más tiempo a resolver problemas, crear y tomar decisiones.

El desafío será aprender a convivir con esa transformación.

Porque mientras una sociedad envejece y necesita nuevas formas de cuidado, la tecnología avanza sobre tareas que durante años estuvieron exclusivamente en manos humanas.

El futuro que plantea la inteligencia artificial no es solamente el de máquinas que trabajan.

También es el de máquinas que acompañan, asisten y cuidan a una población que cada vez vivirá más años.

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