“El año calendario de agua que vamos a tener en San Juan va a ser extraordinario. Esto se vivió probablemente en la década de los 80 y de ahí en más no volvió a pasar”, afirmó Orrego este lunes, durante una rueda de prensa. El mandatario aclaró que no se trata solamente de celebrar que haya más agua después de años de sequía, sino de prepararse para administrar ese recurso y, sobre todo, responder ante eventuales crecientes.
“Puede ocurrir que tengamos crecientes, y estas puedan traer aparejadas consecuencias”, señaló. En ese contexto explicó por qué decidió ponerse al frente del comité: “Yo voy a estar al frente de ese comité, porque necesito estar adelante de esa situación”. La estructura reunirá a áreas como Hidráulica, Defensa Civil, Infraestructura y las fuerzas de seguridad, entre otros organismos, para coordinar prevención y respuesta en los sectores que puedan quedar expuestos.
¿Por qué tanta preocupación si se trata de una buena noticia?
La respuesta está en la cantidad de nieve acumulada en la Cordillera sanjuanina. En algunos puntos monitoreados ya se registraron más de dos metros de nieve compactada. En Río Volcán llegó a 2,16 metros, mientras que la referencia tomada durante la temporada anterior había sido de apenas 40 centímetros.
La cifra permite dimensionar el cambio de escenario, pero todavía no significa que San Juan vaya a recibir una determinada cantidad de agua. Para saberlo, Recursos Hídricos debe medir no solamente cuánto mide la nieve, sino también su densidad y la superficie cubierta. Esos datos, junto con información satelital y mediciones de campo, permitirán calcular cuánto representa realmente esa reserva en agua.
Las mediciones definitivas se realizarán durante septiembre, cuando el manto nival alcance un mayor grado de asentamiento. Con esos datos se elaborará el pronóstico oficial de derrame, que podría conocerse a mediados de octubre.
El antecedente que aparece cada vez que se habla de un escenario hídrico excepcional es el ciclo 1997/98, cuando el río San Juan alcanzó un derrame de 3.935 hectómetros cúbicos. Fue uno de los registros más altos de la serie y coincidió con un fuerte episodio de El Niño.
Por eso, las condiciones actuales generaron comparaciones, aunque desde Recursos Hídricos mantienen cautela: tener mucha nieve no garantiza por sí solo que el río alcance aquel volumen.
La cantidad de agua que finalmente llegue dependerá también de cómo se comporte el clima durante la primavera y el verano, de la velocidad del deshielo y de las precipitaciones. El período en el que comenzará a verse con mayor claridad el impacto será entre noviembre y enero, cuando habitualmente se registran los mayores caudales.
Ahí aparece el verdadero desafío para San Juan. Después de años en los que la discusión estuvo marcada por la falta de agua, la provincia ahora debe prepararse para un escenario de abundancia que también puede generar riesgos. Por eso Orrego insistió en que el trabajo debe comenzar antes de que llegue el agua: “Lo que vamos a hacer es tratar de mitigar toda consecuencia que seguramente habrá”.
El Comité de Crisis apunta justamente a eso: que una creciente no encuentre a la provincia improvisando, sino con las áreas coordinadas, los sectores vulnerables identificados y los recursos disponibles para actuar. Al mismo tiempo, si el deshielo confirma las expectativas, San Juan tendrá que resolver cómo aprovechar una reserva hídrica que podría marcar una diferencia después de varias temporadas condicionadas por la escasez.