A fines del siglo XIX, y de la mano de los inmigrantes italianos y franceses, la vitivinicultura creció exponencialmente y con esta, el Malbec, que se adaptó rápidamente a los diversos terruños nacionales. Con el paso del tiempo y mucho trabajo, se perfiló como la uva insignia de la Argentina.
Pero todo empezó con Sarmiento y sus ganas de mejorar la vitivinicultura, quien le encargó a un agrónomo francés que introdujera uvas de mejor calidad. Así, Michel Aimé Pouget (1821-1875) presentó, el 17 de abril de 1853, un proyecto de ley (aprobado el 6 de septiembre) para que se estableciera en la provincia de Mendoza una Quinta Modelo y una Escuela de Agricultura. Claramente, el objetivo era mejorar los viñedos, y por ende la calidad de los vinos, al tiempo que promover una industria que ya prometía consolidarse como una de las más importantes de la región.
Actualmente hay plantadas casi 45.000 hectáreas de Malbec desde Jujuy hasta Chubut, siendo Mendoza -la más importante con el 85% de la superficie (37750ha)- y junto a San Juan (2800ha), y Salta (1400ha), ocupa el podio.