Aunque el estudio no desagrega por provincia en todos los indicadores, advierte que hay disparidades regionales y una fuerte incidencia en provincias del NOA y Cuyo, como La Rioja (45%) y Santiago del Estero (46%), vecinas de San Juan. A esto se suman múltiples reportes locales de conflictos recurrentes dentro de las escuelas, sobre todo en contextos de alta vulnerabilidad.
En San Juan, la preocupación es creciente. Docentes, directivos y equipos de orientación escolar reconocen que la convivencia está cada vez más tensionada, y que la respuesta institucional suele ser fragmentaria o insuficiente. Si bien las intervenciones ante situaciones de bullying suelen incluir charlas con los alumnos y notas a las familias, los especialistas sostienen que estas acciones no alcanzan si no se acompañan con políticas integrales y sostenidas.
“La escuela no puede seguir abordando los conflictos como hechos aislados. Necesitamos construir climas escolares donde el respeto, la empatía y la diversidad se aprendan y se practiquen todos los días”, señalan desde la Comunidad Antibullying Argentina.
Entre los factores más frecuentes de discriminación, los estudiantes mencionan el aspecto físico, los gustos personales y la identidad de género. En un contexto donde la mitad de los niños se ha sentido excluido alguna vez y un 40% incómodo o fuera de lugar, el desafío educativo es urgente.
Desde organizaciones como Hablemos de Bullying o el Observatorio de Convivencia Escolar de la UCA, se insiste en que Argentina debe avanzar hacia estrategias preventivas, basadas en el desarrollo socioemocional, la formación docente, el trabajo con las familias y el uso de prácticas restaurativas.
“El clima escolar no es un complemento, es el núcleo de la experiencia educativa. Sin bienestar emocional no hay aprendizaje posible”, concluye el informe.