"Habíamos estado en un local bailable. Consumí lo mínimo, un vaso. Antes de entrar al boliche, se compraron una cerveza (sus dos compañeros). Venía por mi carril cuando el perro se atravesó. Yo traté de esquivarlo, pero cuando hice la maniobra los chicos (las víctimas que viajaban en moto) se me vinieron para mi carril. Lo hice instintivamente, para evitar la colisión. El impacto fue en el medio. Ahí nomás nos bajamos. Nosotros tratamos de socorrerlos, intentamos hacer todo lo posible, pero no pudimos hacer nada", relató recordando la muerte de Damián Vega (25), en el lugar. Su otro colega, Marcos Luna (21), había quedado malherido y fue llevado al hospital de inmediato. Pero nada se pudo hacer por él. Su estado de salud se iba agravando con el correr de las horas y finalmente falleció días después. Esto complicó la situación de Montero, quien cargó con una figura penal grave: doble homicidio culposo calificado.
"Quise ayudar. Desesperado pedí a gritos una ambulancia", relató Montero. Es cierto que aceptó que más de lo que ya había hecho, no podían hacer. El impacto entre la moto y el auto fue frontal y muy severo. Y no sólo el control de alcoholemia le jugó en contra, sino que la velocidad registrada no fue la debida. "Lamento mucho la pérdida de mis dos compañeros, porque eran colegas míos", dijo entre sollozos. Montero remarcó que "fue un accidente de tránsito y a cualquiera le puede pasar"; sin embargo, aceptó que él se preparó para trabajar para la Fuerza Policial. En ese sentido, pidió disculpas a la institución y confesó: "Yo no soy de tomar alcohol, pero lo hice. Salí a la calle y pasó esto".
Sin poder salir siquiera de su lamento, Montero expresó su pesar por el dolor que le causó a las familias de las víctimas. "Me gustaría hablar con sus madres, decirles cuánto lo siento; que esto no fue intencional. Me gustaría darles un abrazo a esa mamá y a ese papá, y estar con ellos en todo lo que pueda".