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Caso Julieta Viñales: procesaron al médico que la operó
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Caso Julieta Viñales: procesaron al médico que la operó

La joven de 18 años falleció hace un año y 9 meses luego de ser operada de amígdalas. Maximiliano Babsía, el médico que la operó, fue procesado.

A un año y 9 meses de la muerte de Julieta Viñales, la joven de 18 años que murió tras una cirugía de amígdalas, hubo un avance clave en la Justicia. Fuentes cercanas aseguraron que Maximiliano Babsía, el médico que operó a la joven, fue procesado por homicidio culposo sin prisión preventiva, resolución tomada por el juez Eduardo Raed.

De esta manera, el juez entendió en la conclusión de la etapa de la investigación, que Babsía es considerado responsable por el fallecimiento de Julieta.

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A partir de esta resolución, resta esperar si la defensa del doctor Babsía apelará la sentencia del juez Raed, lo que podría demorar la elevación a juicio del caso.

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El caso

El 10 de febrero de 2020, Julieta ingresa al quirófano de una clínica privada, a las 9.30, para ser operada de las amígdalas. Tras la cirugía, se recupera normalmente y a las 12.30 recibió el alta médica, con las indicaciones de los cuidados pertinentes. Un detalle que llamó la atención es que al finalizar, el doctor le prescribió un remedio más, que se sumó a los ya recetados antibióticos, analgésicos y corticoides, que sería indicado para hemorragias.

Pasan los días y la joven llega a su control médico el jueves 13, con el otorrinolaringólogo que la operó. Juli le manifiesta al doctor que sentía dolor del lado derecho y este le contó que era normal porque durante la cirugía debió profundizar más en esa zona debido a que la amígdala era más grande y estaba más metida. Le aconsejó seguir con la dieta fría y le recetó un protector gástrico debido a la cantidad de medicamentos que estaba tomando tras la operación. El próximo jueves la vería de nuevo, pero el cuerpo de Juli no aguantó.

El viernes en la noche se encontraba en casa con su familia y fue al baño. Desde allí le gritaba a su mamá porque estaba escupiendo sangre, pero ese síntoma se complicó y pronto Julieta comenzó a vomitar sangre. De la misma impresión, la joven se desmayó, su mamá la agarró y la acostó de costado; salió corriendo a pedir ayuda a la garita policial del barrio y los efectivos la ayudaron y pidieron la ambulancia. Pasados unos minutos, la cargaron en la camioneta, aún inconsciente, y la llevaron al Servicio de Urgencias del hospital Marcial Quiroga. El médico de guardia logró estabilizarla y pidió una serie de estudios, placas, electrocardiograma y análisis de sangre.

Luego de varios llamados de la madre, el otorrinolaringólogo devolvió la comunicación y al enterarse, fue hasta el nosocomio rivadaviense. Pudieron detener la hemorragia y el color de piel de Juli había mejorado. El médico que la operó le dijo a la madre que la trasladarían al hospital Guillermo Rawson donde permanecería en Terapia Intensiva en observación ante un posible sangrado e ingreso al quirófano en caso de ser necesario. Los allegados confiaron a este medio que el profesional les dijo que se quedaran tranquilos porque “es una cascarita que se sale y empieza a sangrar”.

La trasladan al nosocomio capitalino y en la mañana del sábado, la joven ya no presentaba hemorragia e incluso hablaba. Llegada la noche, no quiso comer la gelatina porque otra vez le estaba doliendo la garganta del lado derecho. Le prescribieron un poco de morfina para que cese el dolor, pero se la darían más tarde para que pudiera dormir.

La mamá se va a la casa y continuaba mensajeándose con su hija, quien le manifestaba que le continuaba el dolor. Horas más tarde, precisamente a las 3 de la madrugada, le llamaron del hospital a la madre y le pidieron que se presentara urgente en la Terapia Intensiva porque su hija tenía hemorragia, estaba perdiendo muchísima sangre y había entrado en paro cardíaco.

De 30 a 40 minutos trabajaron los profesionales para reanimarla y finalmente lo lograron. Había que ingresarla urgentemente al quirófano y en su grave estado, no sabían si iba a sobrevivir.

Al llegar al hospital, el terapista le dijo a la mujer que nunca vieron un sangrado de esa magnitud. Le informó que el paro cardiorrespiratorio fue producto de la gran cantidad de sangre que perdió: de 5 litros que hay en el cuerpo humano, Juli perdió 4. A su vez, se hablaba de posible daño cerebral debido a la falta de oxígeno que le ocasionó el paro, durante tanto tiempo. Ahora sólo restaba esperar la evolución. En la mañana del domingo, el parte médico indicó que su estado era grave y que convulsionó, posiblemente un signo del daño cerebral. Permanecía en coma inducido, con respirador y buscaban estabilizarle la presión.

Finalmente, tras una ardua lucha por su vida, Julieta murió el 3 de marzo de 2020.

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