Israel anunció que permitiría la entrada gradual de bienes a Gaza mediante vehículos provistos por compañías privadas para “aumentar el volumen de ayuda” que ingresa al enclave palestino. La autorización incluye alimentos para bebés, frutas, verduras, productos de higiene y otros insumos básicos. El objetivo, según las autoridades israelíes, es reducir la dependencia de las agencias de la ONU, cuya capacidad de distribución se ha visto limitada por los ataques, la destrucción de infraestructura y las restricciones logísticas.
Noche trágica en el centro de Gaza
Las autoridades locales, que controladas por los terroristas de Hamas, reportaron al menos 20 personas muertas y decenas de heridos tras el vuelco de varios camiones de ayuda humanitaria cerca del campo de refugiados de Nuseirat.
El vocero de la agencia de defensa civil, Mahmud Bassal, explicó que el accidente ocurrió alrededor de la medianoche, cuando cientos de personas se agolpaban en la zona para recibir suministros. “Los civiles estaban esperando la ayuda. La presión de la multitud provocó que los vehículos perdieran estabilidad”, señaló.
El acceso a alimentos y asistencia humanitaria se ha vuelto cada vez más riesgoso en los últimos meses. Conductores locales relataron que personas impulsadas por el hambre han arrancado cargamentos directamente desde los camiones en movimiento. En otras ocasiones, los vehículos han sido interceptados por hombres armados vinculados a bandas organizadas que luego revenden la ayuda en los mercados a precios desorbitados.
Un video filmado esta semana muestra cómo dos camiones que ingresaban al sur de Gaza fueron literalmente desbordados por multitudes. Jóvenes trepaban a los techos de las cabinas, colgaban de los costados y se abalanzaban sobre la carga mientras los vehículos seguían avanzando lentamente.
“Algunos de mis conductores tienen miedo de ir a trasladar ayuda porque les preocupa cómo podrán desenredarse entre grandes multitudes”, declaró Abu Khaled Selim, vicepresidente de la Asociación de Transporte Especial, una organización sin fines de lucro que trabaja con empresas privadas en toda la Franja.
Ali al-Derbashi, de 22 años, decidió dejar de conducir camiones de ayuda hace tres semanas por el aumento de la violencia. Denunció haber sido emboscado por una banda armada, que lo forzó a desviar su ruta hacia una zona de conflicto. Allí le robaron todo: combustible, batería, teléfono, y le dispararon a las llantas antes de dejarlo ir. “Ponemos nuestras vidas en peligro por esto. Dejamos a nuestras familias dos o tres días cada vez. Y ni siquiera tenemos agua ni comida”, dijo.