Residentes de la capital confirmaron haber visto humo negro y llamas en una zona cercana al aeropuerto. Un joven de 27 años dijo que sus ventanas “temblaron” tras la alarma, mientras otro vecino describió el episodio como “aterrador”, señalando que la demora en la señal de seguridad aumentó la ansiedad entre la población.
El ataque ocurre en un contexto de escalada militar en Yemen, donde los rebeldes hutíes —respaldados por Irán— avanzaron este mes sobre extensas áreas del país y anunciaron la toma de toda la costa del mar Rojo, lo que les otorgó control sobre el estratégico estrecho de Bab al-Mandab. Según Kpler, los envíos de crudo saudí a través del estrecho disminuyeron desde julio, en medio de crecientes riesgos para el comercio marítimo internacional.
Riad acusó esta semana a los hutíes de atacar la ciudad sagrada de La Meca, calificando el hecho como un “cobarde ataque terrorista”. Los rebeldes rechazaron la acusación y la definieron como una “mentira gastada”. En paralelo, AFP informó que dos fuentes hutíes confirmaron la instalación de radares y túneles en los territorios costeros recién conquistados, y que miembros de la Guardia Revolucionaria iraní visitaron la zona en los últimos días.
La respuesta militar saudí incluyó decenas de ataques aéreos contra posiciones hutíes, aunque sin lograr detener su avance. Según Axios, Arabia Saudita solicitó apoyo militar directo a Estados Unidos, pero Washington rechazó participar en ataques contra los rebeldes.
Aun así, el Departamento de Estado estadounidense aprobó la venta de 48 cazas F35 por USD 24.300 millones al reino, con el objetivo de reforzar su capacidad de disuasión frente a amenazas presentes y futuras. La decisión se produjo en medio de casi siete meses de guerra entre Estados Unidos e Irán, que ya impacta en la seguridad regional y en las rutas energéticas globales.
La ONU informó que los combates renovados en Yemen desplazaron a más de 112.000 personas y obligaron a casi 3.000 yemeníes a cruzar el mar hacia Djibouti, profundizando una crisis humanitaria que se agrava con cada nuevo episodio de violencia.
El ataque en Riad y la activación de la alerta aérea confirman que la guerra en Yemen vuelve a proyectarse sobre territorio saudí, elevando el riesgo para la población civil y para infraestructuras críticas como el aeropuerto de la capital. La situación añade presión sobre el Gobierno saudí y sobre los esfuerzos internacionales para contener la escalada en el mar Rojo y el Golfo.