La previa de la cena comienza con un repaso de las actividades que desarrollan los alumnos junto a un gran, y capacitado, equipo durante el año. Desde talleres laborales, salidas recreativas, aprendizaje de lecto escritura y preparación para incluirse en las escuelas comunes. Es el último destello de luz que se podrá apreciar en las próximas horas, una vez que el proyector deje de emanar sus rayos lumínicos, todo pasará a un oscuro total. Como lema de esta noche se ha elegido "San Juan se nos vuelve sensación en la piel".
La primera experiencia será caminar, en fila, tocando el hombro del que avanza adelante. La sensación de que el cerebro le pide a los pies que eviten tropezar con algo es inevitable. Instintivamente, los ojos van muy abiertos, más de lo común, buscando algún brillo, luz, algo, que pueda ubicarnos. Nada, sólo la voz de la guía que conoce el trayecto hacia la mesa y advierte de los obstáculos que hay que prestarles atención, sólo con una mano y los oídos. A esta altura, hay miedo, no pánico, sólo miedo a no sufrir un accidente.
Pero cuáles son las expectativas de la institución teniendo en cuenta que es un evento en el que participan un centenar de personas nada más. "Nuestra intención es que sea una actividad que replique en en el círculo íntimo de los asistentes. Que al volver a sus casas se lleven al menos una mínima impresión de los que vive cada día de su vida una persona ciega". Las palabras corresponden a Emilce Quiroga, directora de la escuela Braille, y están exentas de cualquier discurso institucional, sale de adentro de su ser. "Qué mejor situación que vivir mínimamente lo que le sucede a una persona ciega en algo tan cotidiano como sentarse a la mesa a comer, si los participantes logran captar toda esa información y contarla, ya estamos satisfechos", puntualizó Quiroga.
En toda este momento, es difícil abstraerse a lo que viven las personas ciegas, la mente hace rato viene intentando decodificar lo que los sentidos advierten. La mayor parte de toda esa información, no tiene respuesta, simplemente porque son datos a los que no está acostumbrada a percibir y darles una razón de actuar. Todo es nuevo y adverso a la vez.
Alicia está ansiosa, quiere aprender y no sabe por donde empezar, quizás no se ha dado cuenta que tiene que dejarse llevar. Que los alumnos de "la Braille" la van a conducir por esas oscuridades que son nuevas para ella. Alicia compró su opción por segunda vez consecutiva, y por más que tiene una cena de experiencia, aduce que sufre los mismos nervios que el año pasado. Una vez sentada, respira hondo, deja sus ojos abiertos, aunque no sirva de nada y finalmente se predispone a disfrutar de una noche inolvidable.
Al llegar a la mesa, luego de ubicarse y tratar de poner las manos en los lugares estratégicos (es fundamental evitar los manotazos, ya que de nada sirven y pueden agredir a otra persona). Comienza otra etapa complicada, la de encontrar todos los objetos ubicados en su lugar, como en cualquier cena común y corriente, sólo que en esta oportunidad, raramente nos acordamos de esa ubicación de elementos. Gentilmente, la directora del establecimiento ofrece una adaptación al espacio, que vale oro, para hallar cada objeto y no tirar nada en el intento. Los alumnos son quienes harán las veces de mozos, se mueven como pez en el agua, son generosos en explicaciones, muy gentiles y amables. Dejan el plato sobre la mesa y se van.
Llegó el momento de utilizar otro sentido, el del gusto. Es este momento, el que transportará al comensal a otro lugar, al de los sabores y texturas. No es difícil adivinar qué se está comiendo, pero, sin dudas, y no hay respuesta que sirva a todos, la comida tiene otro sabor, como que se intenta saborear cada ingrediente, descubrir hasta qué condimento predomina. Es cuestión de tiempo, pero a los pocos minutos, pocas voces se sienten en el salón, todos están descifrando lo que están consumiendo, y es algo que agrada, en lo más íntimo del ser. Hay apuestas, para adivinar hasta el varietal del vino, los resultados recién se podrán saber cuándo la luz, tenuemente, vuelva a predominar. Pasan las horas y se agudizan cada vez más los sentidos menos utilizados en la vida cotidiana. Un relato sensacional potenciará lo auditivo, efectos especiales darán trabajo a lo olfativo y la piel percibirá sensaciones únicas que el cerebro interpreta inmediatamente. A esta altura, todo es fantástico.
Al final aparecen algunas velas encendidas, el tiempo pasó volando, pero la experiencia no deja de hacer latir el corazón. Todos los invitados se miran, se aprecian, comentan cada sensación, cada experiencia. El vino era un sabroso Cabernet Sauvignon sanjuanino, como dato de color de la apuesta ganada.
"Las cosas bellas del mundo, no se ven ni se tocan, sólo se sienten con el corazón", es el lema de la institución educativa que ya tiene 50 años de vida en San Juan. Y es más que un lema. Es una enseñanza de vida, para los que se desenvuelven en la ausencia de la luz y para quienes tienen la gracia de poder ver y perderse, muchas veces, las sensaciones que nos rodean en la vida.