Pedro Grehan, Sergio Villanueva, Guillermo Alejandro Chalcoff, Gabriela Waisman y Mario Santoro son los nombres de los compatriotas que perdieron la vida en el lugar.
Las trayectorias de cada uno reflejan vidas cruzadas por la casualidad del destino o la vocación inmediata de ayuda en pleno desastre.
Chalcoff, de 41 años, falleció de manera instantánea por el impacto del primer avión contra los pisos de la consultora donde trabajaba mientras hablaba por teléfono con su esposa; Grehan, por su parte, se encontraba en las oficinas financieras del piso 105 tras haber regresado de visitar a su padre en Buenos Aires.
La jornada también estuvo marcada por la acción heroica de quienes acudieron al rescate.
El bombero bahiense Sergio Villanueva se sumó voluntariamente a la dotación de emergencia al sonar la alarma, pese a estar concluyendo su turno de 24 horas; su cuerpo nunca fue hallado.
En una decisión similar, el paramédico rosarino Mario Santoro, de 28 años, dejó su vivienda en su día de franco al ver la humareda sobre la ciudad para socorrer a los heridos, perdiendo la vida durante el colapso de las estructuras.
Por último, el caso de Gabriela Waisman expuso la agonía de las primeras horas de incertidumbre. La joven porteña de 33 años, radicada desde pequeña en Norteamérica, logró comunicarse con sus familiares inmediatamente después del primer impacto para avisar que se encontraba bien.
Sin embargo, tras la colisión del segundo avión en la torre contigua, el contacto telefónico se interrumpió de forma definitiva, sumando su nombre a la nómina oficial de víctimas del ataque.