De rodillas y con las manos en la cara, la primera reacción de Messi fue la de emocionarse hasta las lágrimas. A pesar de todos los títulos con el Barcelona y de los premios individuales, le faltaba esto. Quería coronar su fantástica carrera con una vuelta con la Albiceleste. Y ocurrió.
Apenas terminó el partido, sus compañeros lo fueron a buscar y lo levantaron en andas. Sabían que si había alguien que se merecía la conquista era él. Tanto tiempo de luchar, de dejar críticas atrás. El Maracaná, un estadio que en 2014 vio a Argentina perder la Copa del Mundo, se convirtió en el lugar en el que este sábado la Selección obtuvo el título. El primero tras casi tres décadas.
Todavía Messi tiene camino por recorrer. A pesar de que naturalmente su carrera ingresa en la recta final, a sus 34 años aún tiene el deseo de magnificar su leyenda. Ahora es tiempo de festejos y de alegría. De descarga. Ya habrá momentos para pensar en el Mundial del año que viene. ¿Pero por qué no soñar?