En tiempos sin redes sociales para la propagación de las noticias, ni con plataformas de streaming que permitiesen lanzamientos simultáneos, el show en Ciudad de México se pautó cuando 11 episodios sinfónicos apenas había salido al mercado, por lo que gran parte del público adquirió sus entradas sin conocer exactamente lo que se iba a encontrar. Y lo que había sido meticulosamente controlado en Buenos Aires, en México fue en cierto modo librado a la suerte. En palabras de Sáenz: “lo del Avenida fue una grabación más que un concierto, entonces antes de empezar le dijimos a todos que aplaudieran solo al final de las canciones y que nadie cantase arriba de la orquesta. La única excepción fue ‘Persiana americana’, porque no estaba mencionada en el programa de mano y los tomó a todos por sorpresa”.
Para el espectáculo, Terán había reimaginado canciones tanto de Soda Stereo como de la carrera solista de Gustavo Cerati en un plan sinfónico lejos de los academicismos, con arreglos de tinte cinematográfico, al estilo de Danny Elfman y Bernard Herrmann, conocidos por sus trabajos con Tim Burton y Alfred Hitchcock, respectivamente. Al prescindir del formato de banda de rock, Terán tuvo que traducir las texturas de las guitarras del autor de “Crimen” a capas de cuerdas o bronces, la mayor parte de las veces en constante diálogo. En 2021, cuando se cumplieron 20 años del show original, Sáenz contactó a Travi con la idea de hacer algo para celebrar el aniversario. Mientras buscaban las cintas originales para remasterizarlas, se toparon con la grabación del show de México, que había pasado dos décadas sin ver la luz.
El ingeniero Eduardo Bergallo, eterno colaborador de Cerati fue el encargado de restaurar el material, una cinta digital en dieciséis canales con el registro completo del concierto. El resultado final es una versión superadora de lo registrado en Buenos Aires. Con una orquesta ampliada, los arreglos de Terán en canciones como “Corazón delator”, “Raíz” y “Un millón de años luz” suenan mucho más envolventes, con un arco de matices que va de los detalles minúsculos al telón abrasivo de las cuerdas evocativas de una tempestad. Según Sáenz y Terán, la interpretación fue clave por la reacción del público: al ser todos músicos de origen académico frente a las reacciones y arengas de una audiencia de rock, los músicos le imprimieron a las versiones una cuota de energía extra que no habían tenido en el Avenida en 2001.
El valor agregado de este concierto y que impacta en el nombre de estos 14 episodios sinfónicos está en la incorporación de las tres canciones que Cerati y Terán sumaron al repertorio original: “Lisa”, de Amor amarillo y “Fue”, de Dynamo, tuvieron su intimismo redefinido a partir de los pasajes orquestales. Y sobre el final del show, después de un beatboxing improvisado del ex Soda Stereo, la orquesta logró traducir a madera y bronce las descargas eléctricas de “Hombre al agua”. Todo ese contexto fue el empujón necesario para que la performance vocal de Cerati fuese superlativa: todo lo que se percibía contenido y calculado en Buenos Aires, en México cobró soltura y vitalidad, permitiéndose jugar con fraseos e inflexiones.
Como valor agregado, para acompañar el lanzamiento Sony encargó a lo realizadores visuales Sofía Pérez, Gastón Carballa y Gabriel Krauszt la creación de tres videoclips inmersivos que diesen cuenta del universo evocativo de estas canciones: “Lisa”, convertido en una aventura submarina; “Corazón delator”, en un recorrido noctámbulo que lleva más allá el relato de Edgar Allan Poe y “Raíz”. Todos funcionan como alicientes para amortiguar el impacto de la frase que se escucha de la boca de Cerati al finalizar el disco: “Muchas gracias, nos vemos la próxima”.
Fuente: La Nación