Por la noche, la periodista integra el panel de "Intratables", también en América, y desde hace poco tiempo escribe semanalmente una columna de opinión y actualidad para un diario. "Me faltaba la palabra escrita porque nunca había hecho gráfica y ahora siento que es un sueño cumplido... Un desafío personal que estaba pendiente, de poder poner en la palabra escrita las cosas que digo y estructurar el pensamiento de otra manera. Es un ejercicio intelectual que me encanta. Todo esto me convirtió en una auténtica workaholic".
Plager asegura que con su marido no quisieron tener hijos. "Amo a mis' mellis' y la maternidad ocupa un lugar enorme en mi cabeza y en mi vida. Ellos me llenan el alma pero cuando conocí a mi marido no sentí que debíamos tener un hijo en común como corolario del amor que nos teníamos. A la edad que nos pusimos en pareja ya ambos teníamos los nuestros y queríamos disfrutar de nosotros como dos adultos y relacionarnos desde ese lugar", revela. Y también cuenta que le gusta la cocina pero que por su jornada laboral le es absolutamente imposible preparar algo. "No tengo tiempo de cocinar a pesar de que vengo de una familia en donde se cocinaba mucho. Hace seis años que trabajo de noche y desde entonces no ceno en casa. La cocina me dejó y yo a ella", cuenta con humor. De familia judía, asegura respetar su religión pero vincularse desde la concepción de símbolo de pertenencia a un pueblo y que su vida interior está supeditada al trabajo, la formación intelectual y profesional, pero su interior más poderoso es la relación con sus hijos. "Estar atenta a ellos es mi conexión más real a lo espiritual, lo sensorial y lo interior. Es algo que me conecta desde un lugar diferente, de amor puro y con un lazo invisible. Eso es mi buda, mi yoga, mi respiración y mi paz absoluta", relata.
A pesar de tener una imagen fuerte, dice que con los años aprendió a ser cálida. "Siempre ponía distancia, tal vez por inseguridad o para no incomodar, pero aprendí con los años a relacionarme de otra manera y así lograr más intimidad con los compañeros de trabajo. Trato de tener buen vínculo y lo logro, pero tuve que trabajarlo. Siempre fui muy exigente conmigo misma y tal vez para el afuera trasladaba esa imagen que me alejaba. Estaba siempre agazapada y como en la gatera. No me permitía el relax y menos aún el chiste, pero ahora ya me concedo el tiempo para relacionarme desde otro lugar y eso nutre mucho más", cuenta.
Se define como una típica acuariana que vuela fácil como un barrilete y a la que, si la dejaran, estaría en la playa de un país tropical tomando tragos y bailando arriba de un parlante con música alrededor y pasándola bien. Y así lo demuestran unas fotos que se viralizaron hace un tiempo en las que se la veía luciendo su escultural figura, enfundada en un bikini y en la playa. "Lo hice a propósito y tuvo bastante repercusión. Son fotos que publiqué en Instagram y fue una decisión personal porque entendí que no hay ninguna contradicción entre el cuerpo y el trabajo personal e intelectual. Ser mujer y querer verse bien, tener un físico agradable y mostrarlo con el trabajo que una realice es una manera de derribar prejuicios y tal vez en ese caso fue una provocación", advierte. Y continúa: "Me gusto. Aprendí a quererme y saber qué luce mejor en mí. Escucho a mi doctora que hace un todo de belleza y salud para sentirme plena y soy complaciente conmigo. Mi relación con el espejo es un ida y vuelta agradable. Veo el paso de los años y cuando miro fotos viejas, me doy cuenta que estoy mejor ahora. Pero trabajo para eso: la piel hay que cuidarla y hago tratamientos para mantener el brillo. En el gimnasio hago ejercicios de hombros y brazos para estar más erguida porque luce mejor en la tele. Aprendí a construir mi propia imagen desde la observación y cuando hay algo que no me gusta, lo corrijo".
Débora admite estar orgullosa de ser mujer y de jugar con la dualidad "Almodovariana" de frivolidad y asegura que eso no le quita ser inteligente ni menos profesional, ni ser banal o superflua. Adora ser maternal y tener la capacidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo. No ambiciona más de lo que tiene y acepta su presente con felicidad. "No estoy corriendo tras la zanahoria. Acepto lo que tengo y lo disfruto. Mis hijos están sanos, amo a mi marido y él me ama. Trato de hacer lo mejor posible mi trabajo y estoy atenta a mis afectos. Si viene más, bienvenido; yo estoy siempre con los brazos abiertos, pero no estoy con la frustración de lo que todavía no fue y así todo es mejor", advierte. Y asegura que tanto su marido como alguna pareja que tuvo anteriormente, siempre le destacaron su inteligencia: "Mi órgano sexual más interesante es el cerebro y desde ahí todo nace, fluye y se transforma, porque podés tener los ojos más lindos pero si no hay nada adentro, es una caja vacía que dura sólo un rato", repite. Cada día se acuesta muy tarde y asegura que su problema es la falta de sueño porque le cuesta bajar la adrenalina de toda la jornada. "No bajo nunca... Sin embargo soy tranquila, centrada y serena y no es porque haga yoga. Soy así. Todo está en mí. Lo bueno y lo malo", concluye.
Fuente: Revista Caras