Los resultados mostraron que entre quienes consumían actualmente estos fármacos, la relación entre la impulsividad y las conductas violentas aparecía considerablemente reducida respecto de quienes los habían usado en el pasado.
Según el trabajo, la conexión entre impulsividad y comportamiento violento fue aproximadamente 62% más débil entre los usuarios actuales de estos medicamentos.
Además, los investigadores observaron que el vínculo entre el consumo de alcohol y las conductas violentas también se reducía, en este caso en torno al 52%, aunque ese resultado mostró menor consistencia en algunos análisis complementarios.
Los especialistas plantean que estos tratamientos podrían actuar sobre ciertos mecanismos vinculados al control de los impulsos, debilitando el paso entre un impulso y una acción concreta.
Los autores remarcaron que los resultados deben interpretarse con cautela. La investigación fue de carácter observacional, por lo que no permite concluir que los medicamentos reduzcan directamente la violencia.
Por ese motivo, consideran necesario avanzar con nuevos estudios a largo plazo que permitan determinar si existe una relación causal y comprender mejor qué mecanismos biológicos o conductuales podrían estar involucrados.
Mientras Ozempic, Wegovy y otros tratamientos similares continúan expandiendo su uso en todo el mundo, la comunidad científica comienza a explorar efectos que van mucho más allá del control del peso corporal y que podrían abrir nuevas líneas de investigación sobre la conducta humana.