Lo cierto, es que la inventiva del ser humano encontró todo un abanico de utilidades para los anillos de las latas, muy en especial durante un tiempo de conciencia medioambiental y espíritu de reciclaje.
Por otra parte, sus aplicaciones en el armario son especialmente conocidas: valen para encadenar perchas y ocupar menos espacio en la barra; como grapas de pequeños atos donde guardar ropa interior; como cinturones; e incluso como pendientes.
Un complemento no muy distinto del clip y que permite un alto grado de personalización desde casa. Llevados al extremo pueden funcionar como base para bolsos o cestas de punto.
La chapita de la lata de gaseosa puede salvar vidas
Sus usos alternativos no se limitan al armario, ya que también tienen recorrido en la naturaleza. Hace algunos años, una marca de cervezas estadounidense ganó popularidad al ofrecer los anillos de sus latas como ganchos de pesca. En este sentido, y en una situación de suprevivencia, este objeto puede permitirle a una persona conseguir alimento como si tuviera un equipo profesional.
El asunto es que la lata mostraba en un lateral el sencillo proceso de personalización y adaptación para convertir la anilla en un utensilio práctico en la vida salvaje. Fue un movimiento inteligente: Internet llevaba años repleto de manuales sobre cómo transformar una chapa en un anzuelo para la pesca, con colecciones bastante respetables.
En muchos sentidos, el anillo cierra el círculo de la sociedad capitalista: nace como un pequeño instrumento para facilitar la venta masiva de un producto y muere como un objeto coleccionable y reutilizable para un sinfín de usos. De la inventiva de la industria para mejorar tecnológicamente un producto al reciclaje de un producto aún con vida útil por medio de los consumidores.