En concreto, la síncopa se refiere a patrones rítmicos donde los acentos ocurren en momentos inesperados, haciendo que el ritmo sea menos predecible. En otras palabras, es una estrategia compositiva que rompe de alguna manera la regularidad del ritmo y este aspecto de la música juega un papel trascendental en nuestra respuesta motora a los sonidos.
El estudio sobre la música y el baile
Ahora, un estudio reciente dirigido por el neurocientífico cognitivo Benjamin Morillon, de la Universidad de Aix-Marsella (Francia), reveló que un nivel medio de síncopa es el más efectivo para desencadenar el deseo de bailar y los resultados se publicaron en la revista Science Advances. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron una serie de experimentos con más de 60 participantes en los que Morillon y su equipo, expusieron a los voluntarios a 12 melodías diferentes con variaciones en el grado de síncopa. “Creamos melodías con distintos grados de predictibilidad rítmica (síncopa) y pedimos a los participantes que valoraran su deseo de querer moverse (groove)”, explicaron los autores, matizando que ambos conceptos están correlacionados.
Los resultados revelaron que los participantes sintieron mayor necesidad de moverse con melodías que tenían un nivel medio de síncopa, en comparación con aquellas que resultaron ser demasiado predecibles o sorprendentes. Por lo tanto, los expertos determinaron que no provoca el mismo deseo de bailar ni un ritmo completamente regular ni uno excesivamente caótico, sino un grado de “previsibilidad rítmica” moderada.