La escena refleja a Marilyn junto al señor Sherman, paseando por Manhattan después de una tarde de cine. En un momento dado, para combatir el calor del verano en Nueva York, Marilyn se detiene sobre una rejilla de metro, disfrutando del viento que procede del subsuelo y que levanta su vestido de volantes, hoy convertido en una pieza única, 65 años después, recordamos la historia del diseño más impactante de la gran pantalla, una creación del responsable de vestuario de la película, William Travilla.
El vestido blanco, concretamente en color marfil claro, con un pronunciado escote y falda plisada pasó a la historia del cine y de la moda como una pieza inimitable.
La falda de vuelo, con un largo a la altura de la rodilla dejaba al descubierto parte de las piernas, algo que hoy en día no resultaría precisamente atrevido pero que hace más de medio siglo enloqueció al mundo. En la película, un bolso de mano blanco y una bufanda roja completan el vestuario. Si bien la escena del metro desvela las piernas de la intérprete, la imagen que todo el mundo recuerda no forma parte del rodaje, sino que se trata de una fotografía ajena a la película. Para promocionar la obra antes de que se estrenara, el director Billy Wilder avisó a la prensa de que grabarían esta escena. La icónica pose de Marilyn Monroe con las manos en las rodillas mientras el vestido ondea ha sido imitada hasta la saciedad pero no aparece exactamente así en la película, sino que fue tomada por uno de los fotógrafos allí congregados.