Otro beneficio concreto está relacionado con el hierro. La vitamina C mejora la absorción del hierro no hemo, el tipo presente principalmente en alimentos de origen vegetal. Esto puede ser especialmente relevante dentro de una alimentación que incluye legumbres, verduras y otros productos vegetales.
Lo que la vitamina C no hace (aunque digan que sí)
Uno de los mitos más extendidos es que evita los resfríos. La evidencia disponible indica que, para la mayoría de las personas, consumir vitamina C de manera habitual no reduce la probabilidad de enfermarse. Sin embargo, puede producir una pequeña reducción en la duración y la intensidad de los síntomas. Tomarla cuando el resfrío ya comenzó no parece ofrecer el mismo beneficio.
La deficiencia severa de vitamina C puede provocar escorbuto, una enfermedad que afecta el tejido conectivo y puede causar fatiga, sangrado de encías, fragilidad de los vasos sanguíneos y una mala cicatrización.
Entre las principales fuentes alimentarias se encuentran:
- Los cítricos
- El kiwi
- La frutilla
- El melón
- El mango
- La papaya
- Numerosas verduras (pimientos, morrones rojos y verdes, el brócoli, coliflor, las espinacas y los tomates).
En cuanto a los suplementos, más no significa necesariamente mejor. Para los adultos, el límite superior tolerable establecido es de 2.000 miligramos diarios considerando todas las fuentes. Superar esa cantidad puede provocar diarrea, náuseas y calambres abdominales.
Por eso, para una persona sana, la principal estrategia sigue siendo una alimentación variada que aporte suficiente vitamina C, en lugar de recurrir automáticamente a dosis elevadas de suplementos.