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El 54% de los jóvenes argentinos no planea tener hijos: más allá de la plata, qué los frena
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El 54% de los jóvenes argentinos no planea tener hijos: más allá de la plata, qué los frena

El 54% de los jóvenes argentinos no proyecta tener hijos, según un informe de la Universidad Austral. En el Día Mundial de la Población, una especialista analizó por qué la decisión ya no pasa solo por el dinero sino por el tiempo, los proyectos personales y el miedo a criar solos.

Argentina tiene cada vez menos hijos. Y la razón no es tan simple como el bolsillo flaco. Un informe de la Universidad Austral revela que el 54% de los jóvenes argentinos no proyecta tener descendencia, una cifra que obliga a mirar más allá de lo económico para entender un cambio cultural que ya está redefiniendo la sociedad.

En el marco del Día Mundial de la Población, que se conmemora cada 11 de julio, la licenciada Agostina Ruiz analizó el fenómeno y planteó una lectura que incomoda tanto como interpela: la decisión de no tener hijos no responde a una sola causa sino a una acumulación de factores que las nuevas generaciones procesan de manera muy distinta a como lo hacían sus padres o abuelos.

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Lo económico es más que el dinero

El primer punto que desmitifica la psicóloga es el de los ingresos como única variable. Si bien el dinero dejó de aparecer como la principal preocupación en las encuestas, eso no significa que lo económico haya dejado de pesar. Lo que cambió es la forma en que los jóvenes lo perciben.

Hoy evalúan cuánto tiempo dispondrán para criar, si podrán compatibilizar la maternidad o paternidad con su desarrollo profesional, y qué tan presente podrán estar en la vida de un hijo mientras avanzan en sus propios proyectos. La flexibilidad horaria, el trabajo remoto y la existencia de guarderías en los lugares de trabajo aparecen entre las condiciones que los jóvenes consideran indispensables antes de plantearse la crianza. "La pregunta es qué tan presente voy a poder estar", resumió la especialista.

Los números son elocuentes. La tasa de fecundidad argentina se ubica actualmente en torno a 1,4 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional que se estima en 2,1. Ese dato no es un detalle estadístico menor: implica que, de mantenerse la tendencia, la población argentina comenzará a envejecer y a reducirse en las próximas décadas, con consecuencias directas sobre el sistema previsional, la salud pública y la economía en general.

Frente a ese escenario, Ruiz señala que los jóvenes también se preguntan qué políticas públicas existen para acompañar a quienes sí deciden formar una familia. Las dificultades para tomarse un día laboral para llevar a un hijo al pediatra, asistir a una reunión escolar o atender otras necesidades cotidianas de la crianza son barreras concretas que muchos consideran antes de tomar la decisión. Y en la mayoría de los casos, esas responsabilidades terminan recayendo sobre una sola persona.

El tiempo como recurso escaso

El mercado laboral post pandemia transformó la relación de las nuevas generaciones con el trabajo y el tiempo libre. Cambiar de empleo, viajar, emprender, especializarse y tener mayor autonomía sobre la propia agenda pasaron a ser valores centrales para los menores de 40 años. A eso se suma que las trayectorias formativas se volvieron más largas: grado, especialización, maestría, idiomas.

El camino hacia la estabilidad profesional y financiera lleva cada vez más años, y en ese recorrido la maternidad o paternidad aparece como un proyecto más que compite por el mismo tiempo limitado. "Tenemos un entorno que presiona sobre cómo se consume nuestro tiempo y nuestra dedicación. El proyecto de tener hijos es uno más de los que compiten por ese tiempo", explicó Ruiz.

Maternidades más tardías y el miedo a criar solos

Otro cambio visible es el corrimiento en la edad de la maternidad. La franja etaria con mayor cantidad de nacimientos que antes se concentraba entre los 20 y los 24 años hoy se desplazó hacia los 30 y los 34, en línea con la mayor permanencia en el sistema educativo y las dificultades para alcanzar estabilidad laboral a edades tempranas.

Pero hay un factor que la especialista destaca por sobre todos los demás y que pocas veces se menciona en voz alta: el miedo a criar solos. En una época de vínculos afectivos más frágiles e intermitentes, muchos jóvenes se preguntan si el proyecto de ser madre o padre terminará siendo una experiencia solitaria. Esa incertidumbre, según la especialista, pesa tanto como cualquier dato económico a la hora de tomar la decisión.

Y sobre el arrepentimiento, la psícologa plantea una mirada que sacude los lugares comunes: no solo existen personas que se arrepienten de no haber tenido hijos. También hay quienes se arrepienten de haberlos tenido, empujados por presiones sociales y sin las condiciones necesarias para una crianza saludable. Un dato que la sociedad todavía prefiere no nombrar.

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