La prevención apunta a trabajar sobre varios aspectos al mismo tiempo. El control de la presión arterial, el colesterol y la salud cardiovascular ocupa un lugar central, al igual que mantener una rutina de actividad física, que combine ejercicios aeróbicos y de fuerza.
La alimentación también importa. Entre los modelos estudiados, la dieta mediterránea aparece como una de las estrategias con mayor respaldo. A esto se suma mantener los vínculos sociales, evitar el aislamiento y atender problemas como la pérdida auditiva, que pueden dificultar la interacción.
El quinto punto es el entrenamiento cognitivo, mediante ejercicios de memoria y otras capacidades que pueden realizarse con aplicaciones o acompañamiento profesional.
El programa LatAm-FINGERS, desarrollado en 11 países latinoamericanos y 12 centros, estudió a personas con riesgo de deterioro cognitivo mediante una intervención que combinó distintas medidas de prevención.
Los resultados publicados mostraron una mejora del 55% en la cognición global en el grupo que recibió un acompañamiento estructurado respecto de quienes siguieron un programa más flexible y autoguiado.
Al mismo tiempo, los avances en biomarcadores permiten detectar determinadas alteraciones incluso antes de que aparezcan síntomas evidentes. Esto abre una nueva posibilidad: identificar a personas en riesgo cuando todavía conservan sus capacidades y actuar de manera anticipada.
El Alzheimer no impacta únicamente en quien recibe el diagnóstico. A medida que avanza, puede modificar la personalidad, los vínculos y la capacidad de reconocer a familiares, generando una enorme carga para quienes acompañan el proceso.
Por eso, el cuidado también debe contemplar al cuidador, cuya salud puede verse afectada por el desgaste físico y emocional de sostener durante años las tareas cotidianas.
La ciencia avanza en tratamientos dirigidos contra la proteína amiloide y en herramientas para detectar la enfermedad antes de los síntomas, pero la prevención sigue teniendo un papel fundamental: moverse, controlar la salud cardiovascular, alimentarse bien, mantener vínculos y ejercitar el cerebro son medidas que pueden incorporarse mucho antes de que aparezca un diagnóstico.