“Se miró un resplandor naranja al fondo y digo yo: ‘¿Qué es esto, por Dios?’”, dijo Garvin Watson, de 43 años, guía de pesca deportiva y dueño de un hotel en Barra de Parismina, una pequeña localidad en la costa caribeña de Costa Rica. “Todos gritábamos como locos”.
Un brillante tiburón nodriza, o tiburón gata, de color mandarina se retorcía junto a la embarcación. No se parecía a ningún otro tiburón que Watson, descendiente de una larga estirpe de pescadores, hubiera visto.
“Se me paran los pelos todavía solamente recordarme”, dijo.
Tiburón naranja: el primer caso registrado
Watson capturó el tiburón nodriza —animales en su mayoría dóciles cuyo hocico se parece un poco al del siluro— de 1,80 metros en agosto del año pasado, y atrajo cierta atención después de que publicara fotos del animal en las redes sociales. Los investigadores también se enteraron del hallazgo muy pronto y apuntaron que podría ser el primer caso registrado de un tiburón naranja.
“Vi las fotos y me quedé impresionado”, dijo Daniel Arauz Naranjo, biólogo marino y director ejecutivo del Centro de Rescate de Especies Marinas Amenazadas de Costa Rica. “Fue como ‘guau, esto es algo extraño’”.
Este mes, Arauz Naranjo y sus colegas publicaron un estudio sobre el tiburón en la revista especializada Marine Biodiversity. Llegaron a la conclusión de que la extraña pigmentación del tiburón nodriza —el intenso tono amarillo anaranjado de su cuerpo y los fantasmagóricos ojos blancos sin iris visible— podría ser el resultado de dos condiciones genéticas inusuales que se producen al mismo tiempo: el albinismo y el xantismo.