- La falta de tiempo, mencionada por el 79,4%.
- La falta de dinero, señalada por el 51,7%.
- El cansancio o la pérdida de motivación, con el 46,5%.
La buena noticia es que el 76% dijo tener intención de volver.
El panorama regional tampoco es para festejar. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en 2025, el 36,6% de los adultos de América Latina y el Caribe no llega a los niveles recomendados de actividad física.
Qué pesa a la hora de elegir dónde moverse
Un relevamiento sectorial realizado en 2025 entre 8.503 usuarios de gimnasios, clubes y estudios de todo el país puso un factor por encima del resto: la ubicación, elegida por el 45,5%.
Más atrás aparecieron la cantidad y calidad de los aparatos (30,6%), los horarios (23,9%), el precio (17,6%) y la variedad de clases (12,1%).
La lectura es clara: que el ejercicio sea accesible no depende solo de lo que se paga. Un lugar a pocas cuadras de casa o del trabajo, con horarios que no choquen con las obligaciones y acorde al bolsillo, hace la diferencia entre ir o quedarse en el sillón.
Orden y buena guía, la dupla que sostiene
Para que el entrenamiento no quede en un impulso pasajero, los especialistas sugieren algunas pautas sencillas:
- Fijar días y horarios concretos, como cualquier otro compromiso.
- Arrancar con objetivos realistas.
- Priorizar la regularidad antes que la intensidad.
- Achicar los tiempos de traslado.
- Adaptar cada sesión a cómo viene el día.
La orientación de un profesional resulta clave, sobre todo para quienes debutan o retoman después de un parate. Permite aprender a usar los equipos, hacer bien los movimientos y ajustar la exigencia al nivel de cada uno.
Avanzar de a poco, respetar los tiempos de recuperación y no pasarse de rosca reduce el riesgo de lesiones y ayuda a no largar a mitad de camino.
El celular como aliado y otras opciones
Las aplicaciones móviles sirven para consultar rutinas, repasar cómo se hace cada ejercicio y organizar la semana. Varias cadenas de gimnasios ya las incorporaron: Smart Fit, por ejemplo, ofrece una para acceder a los entrenamientos desde el teléfono.
Estas herramientas facilitan la planificación, aunque no reemplazan la mirada de un profesional cuando hace falta.
Para sostener la actividad a largo plazo, conviene ponerse metas alcanzables, celebrar los avances y evitar que una semana floja se transforme en un abandono definitivo.
Además, moverse no es sinónimo de gimnasio. Caminar, pedalear, bailar o hacer ejercicios en casa también suman.
El secreto está en dar con una actividad que encaje con los gustos, la agenda y el bolsillo de cada persona. Con constancia y una planificación realista, el ejercicio deja de ser una obligación y pasa a formar parte del día a día.