La revista semanal británica The Economist publicó un artículo en el que cuenta las ambivalentes reacciones argentinas ante la elección del nuevo Papa de la Iglesia Católica, el argentino Jorge Bergoglio, entre las que destaca los roces políticos con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, mientras el ahora Sumo Pontífice se desempeñaba como Arzobispo de Buenos Aires.

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“Como era de esperar en un país mayoritariamente católico, los argentinos comunes se llenaron de alegría sobre la elevación del arzobispo de Buenos Aires para ser el nuevo jefe de la iglesia. Pero la reacción de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y sus ‘fieles seguidores’ fue mucho más ambivalente. Y la reacción al nuevo Papa también reveló hasta qué punto Argentina sigue dividida sobre lo que pasó antes y durante la dictadura militar de la década de 1970”, resalta la publicación.

“Como vecinos de la Plaza de Mayo, sus relaciones variaron de helado a hostil. El cardenal Bergoglio respaldó al campo cuando se enfrentó con la señora Fernández en 2008 respecto a un aumento de impuestos. Tampoco estuvieron de acuerdo en la aprobación presidencial a una ley de 2010 para legalizar el matrimonio gay. Tal vez injustamente, acusó a la Presidenta y su antecesor y esposo, Néstor Kirchner, de hacer muy poco para combatir la pobreza generalizada que siguió al colapso económico y financiero de Argentina de 2001-02”, describe el artículo.

Pero quizá la acusación por parte del periodista kirchnerista, Horacio Versbisky, sobre la vinculación de Bergoglio con la dictadura militar cuando era cabeza de la rama argentina de la orden de los jesuitas en 1970, fue lo que más resonó durante su asunción como Papa. “Verbitsky, periodista de investigación y editor de Página 12, un diario que ha sido propagandista en los gobiernos de los Kirchner, afirmó en 1999 que Bergoglio le había entregado dos sacerdotes jesuitas a la Armada, que los secuestraron y torturaron durante cinco meses. Los sacerdotes habían hecho caso omiso a la advertencia de Bergoglio de que debían abandonar el barrio pobre donde trabajaban, por su propia protección, después de que un trabajador laico se había unido a los Montoneros, un movimiento guerrillero”, cuenta la nota del The Economist.

Pese a las diferencias, la mandataria viajó rápidamente a Roma para felicitar al papa Francisco y compartir un almuerzo en el Vaticano en el cual reafirmaron sus opiniones sobre el reclamo de soberanía de las islas Malvinas.

“Ella le dijo a los periodistas que le había pedido a Francisco intervenir en la demanda de su gobierno para un diálogo con Gran Bretaña sobre el reclamo de Argentina a las Islas Malvinas. Que las islas deben ser argentinas es una de las pocas cosas que el Papa y la presidente están de acuerdo, a pesar de que ahora tienen prioridades más altas”, puntualiza la revista.

“Es poco probable que el Papa intervenga en la política de su país. Sin embargo, una encuesta de opinión reveló que alrededor de la mitad de los encuestados cree que su elección dañaría el gobierno ya que aumentará la influencia de los obispos argentinos, muchos de los cuales son críticos de la presidenta Fernández. Tal vez reconociendo esto, sus seguidores han cambiado bruscamente el tono de sus opiniones. Tras haber burlado la elección papal, los miembros de La Cámpora, un grupo fundado por el hijo de la mandataria, que se identifica con Montoneros, realizó una vigilia en la Villa 21-24, un barrio pobre, con motivo de la asunción de Francisco. Eso parece el reconocimiento de un poder superior”, explica The Economist.