La historia de Gustavo Fernández comenzó a cambiar a partir de su año y medio. Un infarto medular lo dejó con una grave imposibilidad para mover sus miembros inferiores para siempre.
Y entre ese momento y la exhibición de tenis del viernes en la cancha del Arena Maipú, con Juan Martín Del Potro y el chileno Fernando González, pasaron muchos momentos de sacrificio, de tesón, de aprendizaje junto con sus padres y su hermano.
Ver a Gustavo Fernández moverse en su silla de ruedas y llegar con su raqueta a pegarle a la pelotita conmueve de verdad. Desde su inmovilidad locomotriz ha logrado incursionar con éxito en los circuitos de tenis adaptado para convertirse en uno de los mejores juveniles del mundo (nació el 20 de enero de 1994).
Su familia, forjada en el básquetbol, lo apoyó para que practicara un deporte y juega al tenis desde los 6 años, cuando comenzó en Olavarría.
Eran tiempos en donde su padre, Gustavo Ismael, apodado Lobito, era el base de Estudiantes de esa ciudad que logró el primero de sus campeonas de la Liga Nacional en la temporada 99-00. Además de dos Ligas con Estudiantes fue campeón con GEPU de San Luis en la '90-'91 y '92-'93, y con Boca Juniors en la '96-'97.
El chico pasaba horas dándole con la raqueta en su silla de ruedas y a los 11 años decidió que ese era su futuro.
“Después de jugar el primer torneo de tenis adaptado me di cuenta de que podía ser como mis ídolos y hacer una carrera como ellos”, cuenta Gustavo.
Mientras eso ocurría, su hermano mayor, Juan Manuel, se fue a la Universidad de Temple en EE.UU., en donde jugó y se destacó durante 4 años. Llegó a la selección argentina y actualmente ya es un profesional del básquetbol en Centrale de Latta Brescia, en la liga de ascenso en Italia.
El padre cuenta que “mi actividad principal hoy es seguir a mis hijos por el resto de mundo, y agradezco a Dios tener la posibilidad de hacerlo”.
Y agrega: “Es increíble, un sueño para nosotros, a lo que han llegado, y lo disfrutamos muchísimo con mi señora porque para nosotros siguen siendo dos niños”. Como colaborador de Sebastián González ha dirigido en la Liga Nacional a Atenas de
Córdoba y 9 de Julio, de Río Tercero.
El viernes en el Arena de Maipú estaba con una gran sonrisa y muy entusiasmado al ver a Gustavito pelotear con uno de los jugadores del top ten del mundo como Juan Martín Del Potro.
El pibe sabe que desde su universo paralelo en el deporte adaptado la felicidad es posible. Así se lo ve.