San Juan 8 > Ovación

Sentimiento repartido

La familia Ortiz está unida en muchos sentidos, pero sus colores son bien diferentes. Hubo empate en dos ante la ausencia de un integrante en la producción que propuso Ovación.

Leandro Buttarazzi

ovacion@unosantafe.com.ar

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Trabajan y se esfuerzan como muchos santafesinos para que a sus hijos no les falte nada. Fidel Ortiz lleva a Unión en la sangre y se lo hizo sentir a su esposa desde el mismo momento que la conoció: “Cuando yo llegué a la familia de Andrea eran todos de Colón, después avanzamos, nos casamos, pasamos el 89, que fue terrible. Ahí estaba solo, después empezaron a llegar los chicos y a Maximiliano lo llevé a Unión. A Agustina la llevaron para el otro lado, pero con Guillermina desempaté. Generalmente voy poco a la cancha al año, lo seguimos por la tele”.

Andrea Martín pide la palabra. Ella es docente especial y luce con orgullo la camiseta rojinegra: “Tratamos de convivir, cuando juega un equipo contra Colón nosotros somos hinchas de Colón y ellos tiran para el equipo que juega en contra y, cuando es al revés y juega Unión, nosotras queremos que gane cualquiera que esté enfrente. Vemos los partidos en distintos televisores”.

Chicos en acción

Maximiliano (17) es el más grande de los tres hijos que tienen Fidel y Andrea. Su cariño por Unión tiene obvias razones: “Cuando me lleva mi papá voy a la cancha, no soy socio, pero lo sigo siempre. En los últimos clásicos aposté poco, primero un alfajor con un vecino y me fue bien, pero después apostamos un asado y me fue mal”. Es el turno de Agustina (14), compinche de mamá y fanática sabalera: “Con orgullo digo que soy de Colón, lo mejor de Santa Fe. Con mi mamá no nos perdemos un partido en casa y siempre tenemos que verlo en dos televisores, separados de ellos, que son del otro bando”.

Respeto ante todo

Las risas y anécdotas fluyen al instante, aunque Fidel siempre se encarga de resaltar lo siguiente: “Más allá de las anécdotas, en la familia con mi señora tratamos de inculcar la cordura, que todo sea deportivo y quede sólo ahí. Son particulares las anécdotas, porque por ejemplo, a la mañana se convive, pero después la relación se pone tirante, entonces cada uno por su lado. Por ejemplo, en el último clásico, Maxi, Guillermina y yo nos quedamos en casa y ellos salieron a festejar. Son las reglas de juego, aguantársela y festejar cuando toca”.

Andrea avala todos y cada uno de los dichos: “Tratamos de que no haya exabruptos; gastadas sí, mensajes de texto. Mis hermanos, que son muy fanáticos de Colón, los cargan a mi marido y Maxi. Ellos las devuelven, pero tratamos de llevarnos bien, porque sino no podríamos coexistir cinco personas que tenemos distintos intereses. Hay momentos que se pone tensa la situación y buscamos televisores separados”.

Hagan sus apuestas

Fidel asegura que no hubo nada en juego en el seno familiar, pero afirma que “este clásico hay que disfrutarlo y amargar a los otros, nada más”.

Maxi recuerda: “En la Escuela Bustos ya hay bastantes gastadas, se cantan muchas canciones, se prenden todos, no me quiero imaginar lo que va a ser después, la escuela será una revolución”.

Por su parte, Agustina expresó: “En mi escuela, Nuestra Señora de Guadalupe, es mucho más tranqui la situación, pero también estamos divididos”.

Los Ortiz no contaron con Guillermina (10), hincha del Tate, ausente con aviso por su pasión por el hockey.

Los preferidos

Las damas eligen a Pozo y Gigliotti como los mejores del Rojinegro; en tanto los varones tienen preferencia por Lizio, Franzoia, Limia y Cavallaro. Contaron que en Barrio Los Hornos, donde residen, también están repartido los corazones, como en todas las zonas de la ciudad: “Hay buenos vecinos y otros que no entienden que se trata de un partido”, sentencian. Se abrazan y saben que tirarán del mismo carro para buscar metas comunes como familia, pero el domingo cada cual estará por su lado para gritar por el club de sus amores.