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¿Se cuentan o no las travesuras de los padres a los hijos?

Ante la duda sobre cómo poner límites, en oportunidades deciden compartir experiencias vividas, pero eso puede ser contraproducente.

Durante la infancia y la adolescencia de sus hijos, los padres deben afrontar continuos desafíos en el proceso de crianza. En general, los menores hacen travesuras y su hambre de curiosidad por el mundo y la vida los lleva muchas veces a tomar decisiones erradas y hasta peligrosas. Los adultos, ante la duda sobre cómo poner límites, en oportunidades deciden compartir experiencias vividas, pero eso puede ser contraproducente.

En la pubertad, sí mandan las hormonas. Se inician importantes cambios físicos y emocionales. "Los adolescentes quieren ahora probarse a sí mismos fuera de la familia", explicó a la agencia DPA la psicóloga Elisabeth Raffauf. Esto da lugar a discusiones en muchas familias, por ejemplo, sobre la ropa o los horarios de las salidas. ¿Por qué es importante esta fase? Durante la pubertad, los adolescentes se separan de sus familias y adquieren independencia. Los desacuerdos con los padres son importantes en ese sentido. La situación se vuelve problemática cuando los hijos "se tragan" los conflictos, por ejemplo, por miedo a que su rebelión pueda romper la estructura familiar.

Por tal motivo es que, durante la pubertad, padres e hijos deben negociar sobre muchas cosas. "Los adultos deben examinar regularmente sus actitudes", aclaró Raffauf. "¿Se trata de ganar una pelea contra el hijo/a o de protegerlo/a?" En estas situaciones, también resulta útil no interpretar el comportamiento del adolescente como un desprecio, pero al mismo tiempo entender que los padres no son sus amigos.

Ahora, ¿sirve realmente que los padres compartan con sus hijos anécdotas o travesuras de su infancia/adolescencia? A veces los adultos desearían poder contarles a sus hijos algunas tonterías cometidas, de modo que estos sepan que ellos entienden cómo se sienten y cuáles son las consecuencias de esos actos.

¿Contar o mejor no decir nada?

Nicola Schmidt, experta alemana en educación dijo: "Solo lo contaría si implica un aprendizaje". Por ejemplo, si el hijo le cuenta a uno que golpearon a un chico en el patio de la escuela, de acuerdo con la autora de bestsellers germanos como "Educar y retar", se le puede decir: "Yo también hice una vez algo feo en la escuela: le pegué una bofetada a mi amiga delante de todo el mundo. No lo hice nunca más, no estuvo bien".

Schimdt recomienda que si un padre se avergüenza hasta el día de hoy de, por ejemplo, haberle pinchado las ruedas del auto a alguien durante la adolescencia, lo mejor es guardar ese secreto, ya que el mensaje puede ser tomado por los hijos como nuevas ideas o, mismo, cambiar la imagen que ellos tienen de los adultos.

"Los grandes errores cometidos por los padres en el pasado solo deberían ser tematizados cuando se trata de controlar las agresiones, y solo en caso de que el propio hijo haya cometido o estado a punto de cometer algo realmente grave", explicó la especialista.

Por su parte, Marisa Russomando, psicóloga de Familia (M.N. 23.189) le explicó a Con Bienestar que "es lindo compartir con los hijos algunas travesuras, anécdotas y experiencias de cuando uno fue chico o joven porque es bueno lograr esa empatía e identificación, que los chicos conozcan otro costado de los padres, que no es solamente la autoridad o la seriedad que pueden observar en el día a día".

Sin embargo, aclaró que a las cuestiones más complicadas como pueden ser la desobediencia extrema o algunas situaciones escolares es mejor guardarlas para uno: "Como justamente lo difícil es construir el concepto de autoridad frente a los chicos en esta época, contarles esas cosas puede desvalorizar la imagen de la madre o el padre, y se puede tornar más complicado aún a la hora de poner límites. Como en la mayoría de las cuestiones de crianza, es difícil alcanzar ese equilibrio".

Por último, concluyó: "Yo no restringiría el compartir algunas travesuras más inocentes y livianas, pero sí aquellas del orden de infringir la ley o de haber hecho alguna cosa más pesada en relación con la autoridad o el consumo de sustancias. Todas esas cosas es mejor guardarlas para uno y compartirlas, en última instancia, cuando ya son adultos, pero no en el momento de la crianza".

FUENTE: Infobae