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¿Scioli analiza romper?

       

 

Hay que romper con Cristina antes de que el gobierno se lleve puesto al país. Eso es lo que le están diciendo ahora mismo a Daniel Scioli casi todos: desde sus amigos más antikirchneristas hasta quienes venían haciendo gala de una extrema prudencia. De hecho, el propio gobernador ya está pensando distintas alternativas para dejar de depender de la administración nacional. ¿Qué es lo que cambió para que Scioli analice ahora con más seriedad evitar que lo sigan humillando y estudiar la posibilidad de apartarse oficialmente del “proyecto nacional y popular”? Un dato que se modificó aparece en las encuestas cualitativas. Esos nuevos números le están diciendo que ya hay muchos argentinos que no ven con buenos ojos tanta “sumisión” frente a los ataques de la presidenta de la Nación. Que empezaron a interpretar su paciencia infinita como un signo de falta de carácter y de debilidad. Incluso entre sus hombres de confianza hay quienes le hicieron saber que algunos argentinos llegaron a compararlo con el expresidente Fernando de la Rúa. “Pero eso es una tontería. A Daniel le pueden decir cualquier cosa, menos que no se ocupa de los problemas. Son encuestas armadas para hacernos dar algún paso en falso”, se defendió uno de los pocos dirigentes que suele hablar en nombre del gobernador.

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La otra señal de alarma son las buenas respuestas que está recogiendo el jefe de gobierno, Mauricio Macri frente a sus acciones de gobierno y su “armado electoral”. Entre los porteños y el primer cordón del conurbano, la puesta en marcha de la línea A de subtes y el futuro lanzamiento del Metrobús en la 9 de julio son iniciativas que se ven con simpatía. Y en cada uno de los distritos que suman muchos votos para ganar una elección, la búsqueda de figuras ajenas a la política tradicional genera entusiasmo en una gruesa franja de la población. El humorista Miguel del Sel ya estaría primero en la provincia de Santa Fe. El exárbitro de fútbol Héctor “La coneja” Baldassi arrancó bien en las primeras mediciones que se hicieron en Córdoba y Alfredo de Angeli estaría superando el 15 por ciento de intención de voto en Entre Rios, cuando todavía no empezó la campaña para presentarse como candidato a diputado en las próximas elecciones legislativas.

¿Está creciendo, en la Argentina, una fuerte ola anti-K, parecida a la que, en junio de 2009, provocó la derrota de Néstor Kirchner, el propio Scioli y Sergio Massa, a quien el expresidente hizo jugar de prepo, detrás de la idea de una candidatura “testimonial”? Todavía ese fuerte cambio de humor no parece tan claro. Y por eso el gobernador de la provincia no se termina de decidir a dar el salto. “Puede haber miles de argentinos enojados con Cristina por su silencio frente a la tragedia de Once, las sospechas sobre el vicepresidente (Amado Boudou) o el memorándum de entendimiento con Irán pero, a la hora de votar, los que deciden la elección son quienes reciben la asignación por hijo, los planes sociales y las ayudas extraoficiales que van a revolear una semana antes de la votación”, me explicó un dirigente sciolista que conoce el entramado preelectoral. El está azorado. Todos los días recibe información del dinero público que los intendentes le están “arrancando” al ministro de Planificación Julio De Vido a cambio de jugar fuerte a favor de Cristina Fernández en las próximas legislativas. “Son cientos de millones de pesos. La canilla ya se abrió y no va a parar de dar agua hasta el mismo día de la elección”, confirmó. Del otro lado, Cristina Fernández ya les dio instrucciones a Carlos Kunkel, Aníbal Fernández y Gabriel Mariotto, entre otros, para correr a Scioli de su lugar de aparente imparcialidad y exigirle que juegue dentro del Frente para la Victoria en el lugar que le asigne la presidenta. ¿Sería capaz la jefa de Estado de pedirle que renuncie a la gobernación y se presente como primer candidato a diputado nacional? “Sería capaz, pero Daniel rechazaría la invitación”, me dijo alguien que se jacta de conocerlo bien. Macri, por ejemplo, no está tan seguro de que el gobernador, al final, no haga casi todo o todo lo que le pide Cristina. El siempre recuerda que, antes de lanzar a fórmula, un hombre muy cercano a Scioli le mandó a decir que Daniel no aceptaría nunca a Mariotto como vicegobernador. Que ese era el límite de su lealtad con el gobierno nacional. “Cuando vimos la foto de los dos en las oficinas del Banco Provincia no lo podíamos creer”, me recordó una fuente muy cercana al jefe de gobierno de la Ciudad. Otro ejemplo preocupante es cómo la jefa de Estado, sin siquiera empezar a negociar, ya ganó la posibilidad de manejar la nómina de candidatos a diputados nacionales y quedarse con una parte de los lugares de la lista de legisladores provinciales.

Pero otro de los pocos hombres que habla por boca de Scioli me dijo que ahora mismo la situación es distinta. Que el gobernador pareció tomar conciencia de que no tiene demasiado espacio para jugar. Que si a su jefe, Cristina lo coloca en la obligación de tener que pedir ayuda a la Nación con el objeto de pagar el aumento a los docentes y la presidenta le dice que no, o le pide a cambio algo que Daniel no puede cumplir, él hará todos los gestos necesarios para romper sin romper. Para que quede claro que no fue Scioli quien se quiso ir, sino que fue Ella la que lo terminó echando. ¿Y cómo lo hará?, le pregunté. Pedirá dinero al mercado por afuera del aval del gobierno nacional. Les dirá a los argentinos que la provincia está en riesgo y que se vio obligado a tomar semejante decisión para evitar que también se incendie el resto del país. Elegirá cada palabra con mucho cuidado. Aparecerá como la contracara de quienes pretenden ir por todo. Y convocará a la oposición para plantear un proyecto de país sin divisiones, amigos y enemigos o políticas que espantan la inversión privada.