San Juan
Domingo 10 de Febrero de 2019

Tarifas, servicios públicos y dignidad social

// Por María Silvia Martín - Jefa de Prensa de Canal 8


Los elevados precios de las tarifas de gas, agua y electricidad sumado al sobreprecio de la garrafa social vuelve a impactar en los sectores más menospreciados de la sociedad: la clase media que sostiene el país y los pobres. Un extenso debate nos llevaría determinar si la energía es un derecho humano o no ya que, aunque por definición no lo sea, lo es de manera tajante y cabal. Vivir sin luz, sin agua y sin gas, reviste y determina una mísera indiscutida.


La política de ajuste dispuesta por el FMI conlleva una serie de obligaciones para bajar el gasto público, cuestión que no merece mayor análisis: Ese organismo presta plata, quiere que se la devuelvan y para ello impone una serie de condiciones que le den esa garantía; habrá quienes puedan aguantar y hay una gran mayoría que sufre los coletazos y consecuencias de ello. Equilibrar la economía, sincerarla y exhibirla sin fisuras es uno de los lineamientos más dolorosos que hayamos vivido desde hace mucho tiempo y las tarifas y servicios se llevan gran parte de nuestra preocupación, ni qué decir si para cocinar en casa debo comprar una garrafa cuyo precio hoy, y sin exagerar, se vende casi al mejor postor. Lo peor del caso, es que según te haya tocado en suerte vivir, tendrás o no el precio módico. Mientras más lejos vivas del principal centro de consumo, más caro pagarás. Con todos los rubros de la economía ocurre lo mismo y nada se hace para que ello cambie, los organismos de control brillan por su ausencia y solo reaccionan cuando las papas queman y el reclamo supera lo tolerable.


En veranos como los de San Juan donde el calor de lo nuestro verdaderamente se siente, hablar del precio de una garrafa pareciera ser un asunto rebuscado teniendo en cuenta que por ahora solo pensamos en cuánto nos vendrá la boleta de la luz. Cada vez que prendemos un aparato de aire acondicionado o ventiladores proyectamos en cuánto se recargará la ya abultada boleta de energía eléctrica que aumenta valores de cargos fijos a galope sostenido.


Lo cierto es que numerosas familias dependen de una garrafa para cocinar, y ya llegamos a lo último que podemos recortar; el alimento diario. Después de eso, ya solo queda el comedor comunitario.


A la par de esta realidad de ajuste, de producir nadie habla, y por lo visto no habrá muchos cambios en el presente año y las discusiones pasarán por cuanto más o menos se agudice la recesión y es por eso que más que nunca los organismos ENARGAS y Defensa al Consumidor deben trabajar para estar al lado de la gente. Simplemente, tomen el ejemplo del EPRE que desde su creación se ocupó de lidiar con la empresa distribuidora de energía para defender el bolsillo de los usuarios.


Hoy los sobreprecios en la garrafa de gas envasado requieren urgente atención, al igual que los consumos y tarifa de gas natural, no hay más plazos para ejercer la función que les corresponde y solo requiere empatía, ponerse en el lugar del otro para entender, quizás una utopía.


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