San Juan
Domingo 07 de Enero de 2018

Sindicalistas Ricos: "Sin Vergüenzas"

La detención de Marcelo Balcedo en Punta del Este no sólo provocó indignación. Su caso se suma a un historial que se repite en la Argentina corrupta: Cuando la ambición repugna.

La representatividad de los trabajadores para poder discutir y defender derechos a lo largo de nuestra historia nos ha cobrado un peaje bien caro. Ese objetivo como tal nació como una necesidad ante los abusos que la patronal oligarca a principios del siglo pasado ostentaba y que surgieron por una imperiosa necesidad. Recordemos, por ejemplo, que muchos empleados de comercio a comienzos del año 1900 les era impedido tener un refrigerio y en muchos casos, ni siquiera tenían autorización para ir al baño. Sí, así como lo leen. Muchos de ustedes que siguen estas editoriales tal vez lo hayan escuchado de sus abuelos. Los abusos en el trabajo eran moneda corriente y a nadie incluso se les ocurría reclamar porque el destrato y la humillación también eran parte del combo, si es que no pasabas al despido de inmediato. Ni qué decir de los haberes percibidos, donde prácticamente quedaban sometidos a trabajo esclavo.


Las luchas sindicales y sus logros obtuvieron su época de oro con Juan Perón a quien se considera uno de los grandes promotores de los sindicatos que nacían afines del siglo XIX en Europa y Estados Unidos como consecuencia de la industrialización. Las ideas sindicalistas llegaron a la Argentina en la primera gran inmigración con la llegada de millones de trabajadores entre los que se encontraban muchos de ideologías nacidas en Europa.


El primer paso en la organización del trabajo en la Argentina fue la creación de mutualidades. En 1857 se crea en Buenos Aires la primera organización obrera del país, la Sociedad Tipográfica Bonaerense. En 1858, grupos inmigratorios organizan dos entidades que tendrían gran importancia: La Sociedad Española de Socorros Mutuos. En 1878 se crea el primer sindicato argentino: La Unión Tipográfica, que al año siguiente declara la primera huelga en Argentina contra la reducción de salarios. La huelga sorprende y logra que se acepte lo exigido: se aumentan los salarios, se reduce la jornada a 12 horas y se excluye del trabajo a niños menores de 12 años. Sin embargo, al poco tiempo, se reimplantan las viejas condiciones de trabajo y el sindicato desaparece. En la década de 1880 se crean 21 sindicatos. Mucho después vendría la creación de la CGT para nuclear a todos los sindicatos del país.


Recordar algo de esa historia es muy necesario para poder darnos cuenta sobre el origen y la importancia del sindicalismo. El primer objetivo era darle dignidad al trabajador, dignidad que era concebida desde un principio solidario donde el bien común para todos por igual fue el precepto fundamental. Hoy la realidad contrasta vergonzosamente con aquellos orígenes y además nos resulta repulsiva.


Autos de lujo en caravana, fajos de dinero, mansiones, diamantes, excentricidades y despilfarro son una cachetada inexplicable para los trabajadores que con su cuota sindical aportan para que un gremio les garantice sus derechos., nunca esa cuota sindical va destinada al beneficio de uno solo y mucho menos, a llenarle los bolsillos a tal punto que ya todo les resulta poco, la ambición sin límites los lleva a esconder, por ejemplo, diamantes para lucirlos solo con el placer que el ojo propio les otorgue; vaya manera rara de disfrutar.


Lo peor de todo, no tienen vergüenza; eso los transforma en sinvergüenzas. Qué poco les debe importar este calificativo, que dolor y gran pena nos da al ver este desparpajo burlón que se exhibe ante una realidad que al resto de los mortales nos golpea para poder llegar a fin de mes o para calcular el impacto de una suba de tarifas. Ni qué decir si es que buscamos anticiparnos a una suba de combustibles que otra vez golpeará nuestros bolsillos.


El caso Marcelo Balcedo no es el único y todo el gremialismo siempre estuvo sospechado; creo que nunca a esta escala. Hemos llegado al colmo.


La Justicia hará lo suyo para caer con todo el peso de la ley y veremos seguramente el final o el ocaso de quienes se sirvieron del pueblo para hacerse ricos; es lamentable concluir que ese peso de la Ley nunca podrá resarcir el daño ya provocado en este caso a los afiliados del SOEME, es decir, a los porteros de escuelas y establecimientos escolares. Al verlos, cuando comience el ciclo escolar; allí cuando abren la escuela y limpian las aulas, será imposible no recordar la imagen del allanamiento a la casa de Balcedo, será imposible no sentir un puñal al ver en el auto en el que se trasladan; será quizás, una alegría compartida saber que les dieron una casa en el plan de viviendas que orgullosos mostramos en San Juan... será un halago para las porteras mostrar las bijouterie que luzcan por ser el primer día de clases; y ese será sin dudas su mayor ostentación.

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