Canal 8 en Malvinas
Lunes 12 de Marzo de 2018

Respeto a caídos ingleses y un paraíso austral

Así fue la actividad en Malvinas para la delegación sanjuanina. Rumbo a la pinguinera de Bertha's Beach, las combis pasaron por la bahía Fitzroy y la historia volvió a surgir.

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/// Por Mauricio Bazán, enviado especial.


En la guerra de Malvinas, hubo grandes hitos para los argentinos que pese a la falta de recursos logísticos y planificación de las planas mayores para el combate, los soldados y suboficiales hicieron su trabajo con mucha prestancia y gran esfuerzo ante el enemigo. Fue así que los combates son recordados también por el ejército inglés que destacó desde un principio la valentía de las tropas argentinas.

Con este contexto, y 36 años después, en pleno recorrido de los sanjuaninos que volvieron a las islas de la pos guerra, se apreciaron dos monumentos a la distancia sobre la Bahía Fitzroy.

Ante la inquietud de los sanjuaninos, el guía del grupo, otro argentino que vive hace varios años en Malvinas, explicó que es un homenaje a caídos en la guerra. Este comentario rápidamente desató el interés de los ex combatientes que reconocieron el lugar y comenzaron a dar una clase magistral de cómo detrás de esa bahía se hundió al Sir. Tristam y al Sir Calahad, dos barcos que fueron alcanzados por el fuego argentino, dejando una gran cantidad de muertos y heridos, además de un terrible golpe a la royal army.

La visita fue rápida pero con mucho respeto por parte de los asistentes. Comentarios y recuerdos fluyeron hasta que uno de ellos, Luis Armiño, comentó que se trataba de hombres valientes que estuvieron haciendo lo mismo que ellos y que el respeto a eso estaba y estará siempre por la bravura en el combate.

Un paraíso terrenal

Llegar a Volunteer Point o The Bertha's Beach, fue un camino por praderas y montes de turba (planta autóctona en las islas), si bien no es alejado, sólo está a 65 kilómetros del pueblo, llegar es cuestión de dos horas más o menos en vehículo. La demora se da porque hay que serpentear caminos y pasar por varias tranqueras de propiedad privada o estatal que igualmente están cerradas y hay que pasar con permisos que generalmente se consiguen con alguna tasa o cuota. De todos modos al llegar al lugar, es una playa de arenas blancas como si fuera sal y regados en ella, entre el viento y el agua que salpica el oleaje de la costa, los pingüinos. La colonia descansaba plácidamente como cualquier día

de absoluta soledad en la zona, y casi sin darse cuenta comenzaron a caminar hasta el agua cuando se sintieron invadidos por las cámaras que los grababan y las fotos de los sorprendidos visitantes.

Son animales salvajes pero que no se asustaron ya que también tenían mucha curiosidad por conocer a los turistas y fueron buenos anfitriones del grupo, que trataban de sacarse la foto con los elegantes animales del lugar. "Un verdadero paraíso", esa es la frase que resume la visita, valió la pena el tiempo para llegar y los recuerdos que vuelven con la delegación, no tienen precio.


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