Esa medida extrema y contundente fue tomada con el apoyo de las autoridades del Ministerio de Educación que están al tanto de la situación del niño y le proporcionan contención. Lo cierto es que no hubo medidas disciplinarias visibles contra el joven que puso los medicamentos en la bebida. Tampoco, contra el presunto cómplice que, en su declaración, dijo que él no tenía nada que ver y que el responsable de la maniobra había sido su compañero.
Pese a que hubo testigos de lo ocurrido, el escenario no cambió. El adolescente víctima tuvo la posibilidad de asistir por última vez a la escuela para despedirse de sus compañeros, el día que su mamá fue a firmar el pase. Allí estaban sus agresores. "Mi hijo se fue mal. Recibió muchos buenos deseos de compañeros y de docentes, pero la directora sólo le dijo chau. Nunca se acercó a preguntarle cómo estaba", relató Johana.
"Me preguntó si yo había organizado a las madres para que reclamen en la puerta de la escuela. Eso fue algo que se organizó porque todas pedían más seguridad, no por mí", reveló la mamá del adolescente agredido.
La madre del nene, también confió que una madre le había contado que la misma directora pasó por los cursos para pedir que ratifiquen que los medicamentos fueron comprados en el exterior de la escuela. Ese comentario no fue confirmado, pero forma parte de las especulaciones que se tejen por la frialdad y la distancia con la que trataron el caso.
Johana asume que las autoridades de Gabinete y la Policía estuvieron con ella y la acompañaron. De hecho, los uniformados estuvieron en su casa y le aseguraron que la mantendrán al tanto de los pormenores de la denuncia que realizó. Mientras tanto, el menor agredido comenzó su nuevo etapa en una escuela de la zona, cerca de su casa, en donde - asegura- fue muy bien recibido.