Una joven en recuperación por drogas
Domingo 04 de Febrero de 2018

"Militaba en contra de la violencia de género y por la cocaína permití que me pegaran"

/// Marcela V. Silva


Natalia (nombre ficticio) es parte de una de las comunidades del Centro de Abordaje de Adicciones y junto a otras 11 chicas pasan los días tratando de alejarse del mundo de las drogas. Para ella fue fundamental el amor incondicional de su abuela y de su madre pero destaca que para muchas chicas es muy difícil seguir porque no tienen a nadie que les sostenga la mano.

-¿Cuándo comenzaste con las adicciones?

-Siempre fui rebelde pero nunca llegue al límite y un año antes de la internación, fue un año que se salió de control. A los 22 años comencé a consumir cocaína.


-¿Es decir que ya habías pasado la etapa de la adolescencia que es una de las más complicadas?

-Desde chica consumía otro tipo de drogas pero no era todos los días. A los 15 años fumé marihuana, por ahí nos íbamos a tocar guitarra y surgían este tipo de cosas con algunos amigos de la vida. Luego estuve mucho tiempo sin consumir porque hacía ciclismo y después tuve a mi hijo.


¿Y por qué comenzaste a drogarte a esa edad?

Mi problema comenzó cuando tenía 22 años y me fui a vivir sola, tenía un trabajo que no me gustaba, me había dado cuenta que un montón de amigos solo estaban cuando me necesitaban. Entre en depresión y conocí justamente a una persona que no me ayudó y me llevó al consumo.


-¿Qué drogas te ofrecía?

- Cocaína.


¿Y cuándo comenzaron los problemas?

Los problemas comenzaron a los seis meses de consumo cuando ya me tuve que ir de donde vivía porque tuve problemas con la dueña. Perdí a mi familia y casi me quitan a mi hijo.

En ese momento la cocaína me ayudaba a levantarme y con eso andaba todo el día. Tenía energía para trabajar, para estar con mi hijo pero estaba perdiendo todo.


-¿Cuánto tiempo pasó hasta que te diste cuenta que estabas mal?

-A los seis meses de consumo me di cuenta que estaba mal pero no hablaba, no le contaba a nadie. Estaba en pareja con una persona violenta y este círculo era tan vicioso que fue tan fácil salir. Yo militaba en contra de la violencia de género y me terminaron pegando todos los días. Pero la adicción era tan fuerte que me quedaba ahí.

Mi hijo ya no quería estar conmigo, mi familia me había soltado la mano. Y veía sufrir a mi mamá y a mi abuela. Y fue el padre de mi hijo quien me dio la última oportunidad y me dijo que tenía todos los papeles para sacarme la tenencia y ahí sentí que sin él me moría.


-¿Sentiste lástima por vos?

Si estaba demacrada, flaca y sentís que no vales nada pero en pequeño momentos de lucidez sentís lástima pero las ganas de consumir son tan fuertes que te olvidas. Yo le pedía ayuda a mi mamá pero luego me arrepentía.

Perdí a todos mis amigos. Amigos que no eran de consumo y me quería bien y como hablaban mal de quien era mi pareja en ese momento, él me fue alejando. Hasta dejé de militar en contra de la violencia de género y me aislé del mundo.


-¿Cuándo decidiste cambiar de rumbo e intentar recuperarte?

Yo le prometí a mi ex pareja-padre de su hijo de 4 años- que me internaría pero la droga pudo más y me escapé de mi casa; me fui a la casa de mí ex, quien era mi pareja en ese momento. Cuando mi mamà me encontró, en el medio de un gran conflicto, me encerró en una pieza y al día siguiente me llevó al proyecto.


-¿Y por qué elegiste la comunidad terapéutica María del Carmen?

-Como no estaba preparada para un tratamiento ambulatorio-no hace falta permanecer en el lugar-ya que tenía un consumo fuerte y como no me sirvió ese tratamiento pedí una internación en María del Carmen.


-¿A pesar de que estabas viviendo una etapa, que era un caos, lograste reconocer que necesitabas ayuda?

-Ya no tenía el apoyo de mi mamá, ni el de mi abuela y mi hijo estaba todo el tiempo con su papá, es más él me pedía irse con su padre. La mayor fuerza fue sentir que mi hijo de cuatro años me necesitaba, pero me necesitaba bien, ahí es que ingresé a María del Carmen-en mayo del 2017-.


-¿Cómo fue el primer día en el proyecto?

-Antes de entrar yo ya tenía pensado irme y con mi ex-quien la golpeaba y le proveía de drogas- teníamos pensado viajar a La Rioja y después buscar a mi hijo. Imagínate lo desorientada que estaba-recapacita-.

Conocí a las chicas de la comunidad y me hablaron tan bien. Y en la noche en el grupo de cierre –se dicen si se cumplen los objetivos- les conté que mi objetivo del día era irme pero decidí quedarme y dije de acá no me voy sin el alta.


-¿Cómo fue el periodo de abstinencia?

-Se me hizo difícil porque sentís ganas de consumir todo el tiempo, te sentís triste con ganas de llorar. Pero se puede controlar y en ese lugar tenés la ayuda necesaria. Hay personas con las que podés hablar en cualquier horario. Tenés todo al alcance de tus manos.


-¿En quiénes te refugiaste?

-Hay algo que ayudó mucho y fue mi familia. Yo por suerte tuve ese apoyo conté con mi abuela, con mi mamá, mis tíos y con el padre de mis hijos. La familia ocupa un lugar fundamental y sabés que no estás sola.

Mi abuela fue imprescindible, ella es la que va a las reuniones y fue la que nunca dejó de creer y estuvo ahí. Luego de algún tiempo le pedí perdón porque a ella y a mi mamá les hice mucho mal.

Hay chicas que no tienen esa suerte, no tienen a nadie y es difícil salir así. Vi personas que querían recuperarse pero se terminaron yendo porque estaban solas. El tratamiento depende uno y de las ganas de salir, pero la familia es fundamental.


-¿Hablas de tu mamá, de tu abuela pero tu papá donde estaba?

A mi papá lo había visto solamente una vez cuando tenía 12 años. Y cuando entré a la comunidad empecé a trabajar con el psicólogo la posibilidad de sacarme la mochila y fue ahí que le pedí a mi mamá que lo buscara.

El loco fue y pudimos hablar, le pedí disculpas. Decidí hacerlo ahí porque yo ya había tratado de hablar y no pude y quizás eso fue lo que generó mis adicciones. Y ahí sabía que estaba contenida. Este tratamiento me ha dado muchas cosas buenas.


-Ya estás en la última etapa del tratamiento ¿En qué consiste este momento?

-Consiste en la reinserción en volver a retomar las actividades que dejaste pendiente antes del consumo. Esta etapa no tiene un tiempo. El tiempo lo pone uno a través de las ganas. Hay que rehacer las amistades, ahora busco trabajo y salgo a la calle de otra manera.

-¿Descubriste cosas nuevas en el proyecto?

Yo entré ahí con la sensación de que había fracasado en toda mi vida y además había cosas que había dejado incompletas. Una vez adentro descubrí que lo que realmente me gusta, es escribir canciones y empecé a dedicarme a eso; ahora toco la guitarra y me enfoqué en la música.

¿Y cómo la llevas afuera?

Ahora que salgo día por medio ya retomé con algunas presentaciones artísticas. El 24 de noviembre canté una canción en contra de la trata de personas en Rawson y ahora participé en el cd de la próxima FNS "Gracias Deolinda, hay cumbia". El 10, 16 y 18 de febrero haremos la presentación oficial de la cumbia.


La comunidad terapéutica María del Carmen se encuentra en Rivadavia y funciona desde el 2009. En un primer momento dependió del área de Niñez y Adolescencia, pero desde el 2016 funciona como parte de la dirección de adicciones.

En este lugar se albergan a 12 chicas actualmente y trabajan con proyectos de autogestión-elaboran dulces- y proyectos artísticos y educativos. A la vez cuentan con ayudad psicológica constantemente más el apoyo del resto de profesionales que las acompañan.

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