"Los padres necesitan ayuda, porque están muy desorientados con los adolescentes"

/// Por María Eugenia Vega

El Último Primer Día (UPD) dejó un debate abierto sobre la responsabilidad de los padres por sobre los adolescentes que llegan alcoholizados a la escuela, sobre el rol de la institución y las medidas que deben aplicar ante la presencia inevitable de este fenómeno. Al respecto, la psicóloga -responsable del área Adolescencia del Ministerio de Salud Pública- Ana Zimmerman, analiza la situación y explica la implicancia de la nueva generación Z, los millennials, la exposición en las redes sociales y los límites que se trascienden, en busca de la felicidad. Todos estos factores influyen para que los chicos desafíen constantemente a la autoridad y para que los padres tengan miedo de activar el freno de mano.


"El adolescente siempre ha sido contestatario, se ha caracterizado por desafiar. Está bueno que eso pase porque está tratando de diferenciarse del adulto, busca su identidad. El problema es que excede el límite. Que un adolescente llegue a su primer día de clase alcoholizado nos tiene que preocupar como sociedad. Pero hay que dejar de buscar culpables. El UPD nos tiene que servir para reflexionar, no para buscar culpables. Tenemos que tomar nuevas decisiones y generar nuevas instancias de diálogo con el adolescente. ¿Por qué lo hace? Tampoco lo sabemos del todo. Tenemos que escucharlos y todos tenemos que aportar algo", reflexiona.


-¿Cuál es el análisis que ha hecho a partir del revuelo por el UPD?

-Creo que llegar alcoholizados a la escuela no es el único objetivo. Buscan varias cosas. Primero, marcar esta tendencia de que se trata de un pasaje a la adultez. Tiene mucho que ver con la generación Z y los millennials. Están tratando de alargar lo más que se pueda la adolescencia, en función de que lo que los espera es un mundo laboral muy competitivo, donde se busca mucho la creatividad, el rendimiento y el éxito. Los chicos están muy concentrados en esto de generar impacto o ser sobresaliente. Antes eso no sucedía en la adolescencia. Buscábamos tener un trabajo seguro para tener la casa y el auto, había un modelo familiar. Hoy los adultos están involucrados en el rol de "soy adulto, pero también soy adolescente". Esto se ve claro cuando los papás nos quejamos cuando los chicos están todo el día con el celular, adictos o dependientes a las redes sociales y los adultos también lo estamos.


-Vamos por parte... ¿Qué son los millenians y qué marca la generación Z?

-Son todos aquellos adolescentes o jóvenes que han nacido en la era digital. Son nativos de las redes sociales y las manejan de una manera diferente a cómo lo hacemos nosotros. Eso crea diferentes modos de vincularse, porque yo puedo estar con todos y con ninguno al mismo tiempo, desde mi habitación; genera diferentes modos de comunicarse que ya no tienen que verse con el cara a cara. Esto marca una cuestión psicológica muy fuerte, porque los adolescentes están solos. Hay mucha soledad. También tiene que ver con una entrada al mundo adulto desde el placer. Antes había que postergar y esperar para conseguir algo. Había que ahorrar para comprarse el auto, la casa, había que transitar un largo camino para recibirse. Los chicos de ahora quieren que todos se les dé ya. Ahora, los padres les compran el auto. Entonces ya no se posterga el deseo que es lo que marca el control de los impulsos.


-¿Por qué los padres les dan todo?

-En parte, porque a los padres también les gusta tener todo. También les gusta vivir en un mundo donde las cosas se logran fácilmente, en una sociedad de consumo. La ropa, los autos, los viajes, las salidas, los placeres... por ahí los padres nos autoengañamos. Decimos que les damos todo para que no les falte nada y que sean felices, y ahí entra todo un debate sobre la felicidad para el adolescente.


-¿Cómo se califica la felicidad en esta era?

-Hay como diferentes miradas. Hay personas que dicen que la felicidad tiene que ver con un estado interior de plenitud y de bienestar, y hay otros que creen que la felicidad viene dada por objetos externos. En esto tenemos que ser claros. Hay una cuestión que tenemos que trabajar mucho entre los adolescentes y los papás que es la espiritualidad. ¿A qué hemos venido a este mundo? ¿A estar con otros o a autosatisfacernos? Otra cosa, es que se ha desdibujado la autoridad. Al padre le cuesta mucho poner el límite. Porque el límite no pasa de moda. Hacer el bien, decir la verdad, trabajar, son cosas que trascienden en toda clase de épocas. Buscar hacer las cosas como corresponde no pasa de modo. Los papás estamos puestos en un lugar donde se los desafía permanentemente como autoridad, donde dudamos todo el tiempo lo que está bien y lo que está mal. Entonces se relativizan los valores. Los chicos presionan y generan la inestabilidad de los padres.


-¿Eso los convierte en cómplices de sus hijos?

-Yo no sé si son cómplices. Yo creo que muchos papás aceptan el UPD sin estar de acuerdo. Acá pareciera que todos los papás están felices y contentos... y no es tan así.


-¿Los padres les tienen miedo a los límites?

-Probablemente. También es una falta de educación emocional, donde se nos diga cómo es transmitir valores, preocuparnos por lo que le pasa al otro, ponerme en su lugar. Los papás están trabajando mucho, tratando de generar dinero y bienestar, pero está faltando como esa pata que es lo emocional. El adolescente necesita de mucho cariño y apoyo. Necesita que le generemos confianza y un lugar donde él se sienta apoyado.


-En este juego de ponerse en el lugar de sus hijos, están cayendo en los hábitos de generar exposición y presencia en las redes sociales, por ejemplo. Lo que ellos no pudieron vivir, ¿intentan hacerlo ahora comportándose como adolescentes?

-No sé si necesariamente es lo que no pudieron vivir. Creo que es lo que nos atraviesa a todos. Creo que hay una cuestión que nos devuelve al concepto de felicidad. La necesidad de mostrar en las redes sociales una felicidad ficticia o falsa. No veo mucha gente que publique que está triste. Son todas fotos que muestran que la está pasando bien, donde hay placer. La red social se usa para eso. Tal vez para tapar algunas cuestiones que no se han logrado a nivel personal. Fracasos familiares, laborales, personales. Lo que le tenemos que enseñar a los adolescentes es que hay que cuidar la vida privada. Todo lo que tiene que ver con los logros y cuestiones personales, no siempre hay que estarlas publicando. Las personas somos un todo, que tiene que ver con fracasos y logros. Esto falta en el UPD. Mostrarles a los chicos que las instituciones están involucradas, que genera malestar en los adultos verlo al chico en esas condiciones.


-Los chicos creen que el consumo de alcohol y de drogas son un factor que los lleva a la felicidad...

-No sé si "alcohol igual a felicidad", más bien es "alcohol igual a diversión asegurada". Volvemos a que el adolescente tiene un pasaje al deseo muy rápido. Ellos viven el hoy.


-Teniendo en cuenta que los chicos saben que los padres les temen a los límites, ahora desafían a la autoridad escolar con el alcohol ¿También tienen miedo en la escuela de poner límites?

-Yo creo que a algunas instituciones el UPD los ha tomado por sorpresa. Las escuelas no están preparadas para resolver estos problemas. Esto va a generar la realización de nuevos protocolos de intervención. La escuela no está sola, no tiene entidad por sí sola. El resto de la sociedad tiene que ayudar a la institución y ser partícipe de la educación de los chicos. Ellos no pueden dejar afuera a los chicos porque están borrachos. Entonces, los pone en una encrucijada. Si los deja afuera les puede pasar algo y es su responsabilidad, y si no lo hace y los recibe siente que es cómplice de la situación. Esto va a demandar tiempo porque es un fenómeno nuevo. Van a tener que trabajar todos en conjunto. La escuela no tiene que ser depositaria de lo malo, porque no se va solo a aprender, se va a socializar y a ser mejor persona. No es culpa de los padres, ni de la escuela ni de los adolescentes. Estamos atravesados por un motón de factores que hay que resolver. Nos va a llevar un tiempo entender que todo tiene un costo. Creo que ambas partes tienen que ponerse de acuerdo. Los papás necesitan ayuda, porque están muy desorientados con estas nuevas adolescencias. A los papás les está costando mucho posicionarse en qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.

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