San Juan
Sábado 10 de Agosto de 2019

La cortina

/// Por María Alejandra Araya


Tiene que encajar, es cuestión de que vos me ayudés. Dejá que yo trate de meterla, con cuidado, con muuucho cuidado. ¡Podemos romper el espejo! De este lado ya está, calzó bien. El otro es el problema. No puede ser taaan difícil. Yo la sostengo y vos la ponés en la ménsula.



Pero (¿siempre tiene que haber un pero?) no encajaba. ¿Qué había pasado?



¡Se había descolgado la cortina del baño! El Igna y La vaga intentaban colocarla. Puede parecer una nimiedad, un detalle menor de la cotidianeidad. Sin embargo, la paz familiar estaba alterada.



-Se requiere mano de obra calificada. Dejá, llamo al plomero. Dijo el Igna.



¿Qué tiene que ver el plomero?, pensó La vaga. Esto es para el barraldero, cortinero. Para el Técnico Superior de Cortinas de baño. Pero se calló porque andaba estropeada y un poquito activada: ella había metido la pata. Mejor dicho, la mano. Tanto tomarla como la baranda de la escalera, que un día, la cortina, se desplomó.



De por qué un simple barral caído se puede convertir en uno de los doce trabajos de Hércules es algo que jamás sabremos. Lo cierto es que allí se encontraba La vaga, transpirada y malhumorada. Más de una vez estuvo tentada de decirle al Igna: andá, andá, yo me las arreglo.



Pero no, bien sabía que no podría sola, que no era autosuficiente, que dependía del Igna, que debía tragarse el orgullo y usar su inteligencia emocional. (Esto era la inteligencia emocional con la que le rompió la paciencia su psicólogo)



La vaga, sentada sobre la tapa del inodoro, el Igna, en la orilla de la bañera, pensaban, tomaban fuerza, se energizaban. Vuelta a empezar. Era el tercer intento. Ahora, se ayudarían con una espátula y, como habían estudiado la situación, intentarían encajar el barral de abajo hacia arriba y luego girar la ménsula.



Vamos, dijo el Igna, es cuestión de que coordinemos los movimientos. Sostené, dale, yo empujo. Dejá que trate de meterla, con cuidado, con mucho cuidado. Click.



¡Ay, ese click! ¿Viste cuando el profesor sale con la libreta y dice: aprobó? O cuando alguien viraliza el: ¡depositaron! Ese click era el soplo de vida, la prueba irrefutable de que el amor es cooperación y trabajo en equipo.


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