San Juan
Domingo 11 de Marzo de 2018

La autoridad en juego

Cada comienzo de año nos depara una sorpresa y no se trata solamente del histórico reclamo por mejorar la condición salarial de los maestros, un reclamo justo que más allá de las especulaciones gremiales nacionales; está sentado en las bases de una realidad.

Este año; con mayor fuerza hemos observado cómo jóvenes y adolescentes se ufanan en las redes sociales de los excesos que cometen y cómo esos excesos llegan al primer día de clases. Es el denominado UPD, último primer día de clases que celebran quienes empiezan a cursar el último año del secundario. Consiste en reunirse el domingo anterior al inicio de clases, cenar; beber, distraerse en los juegos de internet, beber, bailar, beber... y lo gracioso pareciera ser que está en quién de todo el grupo resiste despierto para llegar a clases en las condiciones en las que haya quedado después de la fiesta. Así es como se festeja el UPD, entrar a clases si estás borracho o dormido...mejor.

En San Juan esta modalidad no se ha demostrado que haya llegado aún a las aulas de manera masiva. Sí hemos visto que, a través de Facebook, algunos chicos han desplegado su festejo y en un par de colegios se han encontrado con alumnos en esta condición. Las autoridades del Ministerio de Educación salieron rápidamente al cruce con declaraciones que les permitan a los padres advertir que por lo menos están atentos al caso. En algunas escuelas los directivos prefieren no hablar para no reconocer esta situación de indisciplina en las aulas o para no alentar a que siga ocurriendo. Sea cual fuere la causa, el tema es conocido por todos y por ahora sobrevuela bajito.

Aquí es donde vamos a detenernos. ¿Sólo los maestros y directivos deben prepararse para saber qué hacer ante un cuadro de indisciplina tal? ¿Sólo el Ministerio de Educación, cartera del Estado, es la que debe velar por la educación y la conducta de los chicos? Claro está; que cuando un alumno llega borracho al aula, el problema ya ocurrió y por lo tanto en la escuela solamente les queda como única alternativa resolver el caso despachándolo a su casa, más allá del llamado de atención que se les notifique a los padres.

Todos hemos sido jóvenes alguna vez y hemos cometido excesos, la adolescencia es una edad donde confluyen emociones que provocan un estado de ánimo exaltado, muchas veces, y que puede llevar a quien atraviesa esa etapa de la vida a manifestarse con acciones descontroladas y sin límite. La Psicología ha estudiado acabadamente esa etapa de la vida y ha remarcado la importancia de que exista un "tutor" en la vida de los jóvenes para acompañar ese proceso de la vida y para marcar el límite de lo tolerable.

Esa función de tutor es única, indelegable y de responsabilidad exclusiva de los padres, no de la escuela.

Los papás deberemos ser quienes sepamos poner el freno, y no se trata de castigos violentos que desamparen los derechos de un ser humano. Se trata sencillamente de ejercer la autoridad que nos fue conferida como tales. Autoridad; una palabra que conlleva madurez y coraje para la toma de decisiones. Llegar borracho o dormido a la escuela es la prueba cabal de la falta de autoridad de muchos padres que miran como espectadores de lujo la "graciosa iniciativa" de sus hijos. Esa es la gran diferencia de los excesos que cometen nuestros jóvenes hoy con respecto a la misma situación hace 30 años; el chiste podía costarnos carísimo ...pero no en el aula...en casa!

Nos ha tocado ser adultos en una realidad que viaja a una velocidad extraordinaria, donde lo que ocurre hoy no es viejo mañana, caducó al minuto; venció sin que me diera cuenta si estaba vigente; es una vorágine y una marcha que no me da tiempo para perder la capacidad de reacción, porque si me duermo en los laureles; toda la sociedad me pasa por encima. No tenemos opción, porque en ese cuadro de situación están nuestros hijos y no se me puede escapar la enseñanza de los valores, o por lo menos que sepan lo que está bien y la diferencia de lo que está mal. Nuestra madurez y experiencia será la que deba decirnos dónde actúa cada caso para no meter todo en una misma bolsa.

Si no somos capaces de ejercer autoridad, nuestros hijos serán fiel reflejo de nuestra debilidad; en ellos recaerá la falla que les repercutirá en sus vínculos, y en todos sus roles sociales.

El UPD es una señal que nos obliga a ejercer el título de padres; pergamino que lucimos cada cumpleaños de nuestros hijos y que ahora hay que revalidar en los hechos. Es nuestra primera misión en la vida.

María Silvia Martin

Jefa de prensa de Canal 8

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