San Juan
Sábado 17 de Agosto de 2019

Honor

Azul cielo, azul mar, azul profundo, rosa viejo, rosa chicle, lila malva, lila amanecer, ocre pálido, ocre otoñal, champagne rosé, champagne brut, verde menta, verde oliva, verde pradera, verde agua, melón, melón rocío de miel, melón néctar de camoatí. Colores para el vestido. ¿Qué vestido? La vaga era dama de honor de su amiga Vero.

Se habían criado juntas en la Villa Doncel. Compañeras de la primaria y secundaria supieron tejer una amistad compinche y confidente. Luego, los caminos se bifurcaron. Vero se fue a estudiar a Córdoba, La vaga se quedó en San Juan. Mucho tiempo sin verse, cuando una llamada, un café, la invitación al casamiento y... ¡la propuesta!


El sí de La vaga fue vidrioso y sibilante. No por el gasto que significaba, mejor dicho, también por el gasto. Sino porque le parecía lisa y llanamente una boludez. Everything, una boludez: dama de honor y casamiento. ¿Qué tiene que ver el amor con semejante parafernalia?


Vero era abogada y Martín, su novio, profesor de crossfit. Justamente se habían conocido en el gym. Entre abdominales, fuerza de piernas y trabajo de glúteos los había flechado Cupido versión Arnold Schwarzenegger. Lo cierto es que a Martín le decían chivito a la llama: tiene una pinta bárbara pero... muy seco.


Vero la remaba en dulce de leche pateando la calle todo el día, litigando micro y macros expedientes. Hasta había sacado matrícula en Mendoza y viajaba cada quince días porque, según le contó a La vaga, también tenía clientes allá.


-Los vestidos de las damas de honor deben tener algo de armonía con el vestido de la novia. La tradición dice que deben ser de edad similar a ella y preferiblemente solteras, bueh, con vos haré una excepción, jeje. Deben ayudar a la novia en distintos aspectos de cómo organizar la boda.


Yo te ayudo a organizar la boda. Fácil: ¡no te casés! Viajá, invertí en tu profesión, doná la guita si te da el brote altruista. A La vaga la atacó ese pensamiento-molotov pero no lo dijo. Vero seguía repitiendo el Código Matrimonial como si estuviera rindiendo Civil I. ¿Algún Juez la salvaría del debacle nupcial?


Chan chan chachán. Chan chan chachán. Siete damas en la puerta de la iglesia de una azondada tarde sanjuanina. La vaga no eligió ni el color del vestido, ni el peinado, ni el make up. Guardó respetuoso silencio en todo este proceso que concluyó cuando vio a Vero vestida de novia. Recién ahí sintió el honor de acompañar a su amiga. Hoy valió la pena.

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