Pbro. José Juan García / sacerdote
Domingo 04 de Marzo de 2018

"Hay que saber distinguir entre una posesión diabólica y un brote psicótico"

/// Por María Eugenia Vega

Con el correr de los años, se dice que la maldad va en aumento y no porque el demonio haya acrecentado su apuesta sino porque las personas están cada vez más interesadas en seguirle su juego. Muchos son los seres atormentados que manifiestan sentir presencias demoniacas en su entorno, hechos o visiones inexplicables que generan dudas y un miedo inexorable. Hasta el mismo Jesús sintió la presencia del demonio, en la noche de Getsemaní, cuando este ángel caído apareció para tentarlo. El tormento que genera Satanás ha existido desde el Génesis y no se ha detenido ni lo hará hasta la segunda venida de Nuestro Señor Cristo al mundo, según afirma la Iglesia Católica. Este tiempo cuaresmal es propicio para la sugestión y la tentación, siempre y cuando una persona elija buscar el mal. Porque "que las hay, las hay", dicen por ahí; y si hay que creer en Dios es inevitable creer también que existe Lucifer, el agente del mal. Sin embargo, ante una supuesta posesión diabólica es fundamental entender que ésta puede tratarse de un problema de salud. En esta nota, el sacerdote José Juan García nos explica sobre este tema.


- ¿La Cuaresma es un tiempo de tentaciones? ¿Estamos más sensibles?

- No me animo a decir que sea el de mayores tentaciones. Cualquier acontecimiento, cualquier época del año, la persona puede sentir en su alma que hay una tentación fuerte que lo puede desviar del camino de su dignidad personal. Cuaresma es un llamado a vivir en profundidad nuestra fe para acercarnos a la Semana Santa, a la Pasión de Cristo y al Dolor de Cristo para asumirlo y aprender de él. Como decía Dante Aligheri en la Divina Comedia: "El que sabe de dolor, todo lo sabe".

- Muchas personas aprovechan este tiempo para realizar ciertos cultos o ritos. Hay una línea muy delgada entre la creencia popular y lo verdaderamente religioso. ¿Qué piensa la Iglesia?

- Las devociones y la religiosidad popular tienen sus méritos también. Bergoglio fue redactor jefe de un texto en el año 2007, decía que "la fe está presente en cualquier forma de religiosidad popular". Esto no quiere decir que como cristianos o católicos no podamos ir en busca de una plenitud mayor sobre esa fe. Que la fe se vaya cultivando y purificando. De modo tal que pueda ser una fe más pura, más sana. Nuestra fe en Dios tiene que terminar en obras de caridad.

- ¿Está bien, entonces, que las personas aprendan a realizar curaciones de palabra, por ejemplo?

- Pedir el don de la salud, es más que bueno, sano, noble. Imagínese un padre o un abuelo que pide por sus nietos o hijos. Esto es muy bueno, sabiendo que la sanación o la curación siempre vienen de Dios. Uno es quien le pide con una oración. Me ha sucedido que yo he ido a dar la Unción de los Enfermos a una persona que estaba grave, muy delicada. Uno piensa, bueno...esta persona en pocos días va a fallecer; y de pronto la he visto restaurada, realmente. Fuera de ese estado grave. Eso es muy reconfortante, también. Sin duda alguna, cómo no pensar que Dios pone su mano benéfica y valerse del sacramento para obrar una cosa linda.

- ¿Tenemos poder para sanar o somos instrumentos?

- Apenas somos instrumentos. En Cristo hay que centrar todo. Él es el médico de los cuerpos y de las almas.

- ¿Somos instrumentos del demonio, también?

- ¿¡Qué tema, no!? (risas) Podemos llegar a serlo. Pienso que la primera convicción que tenemos que tener con respecto al tema del demonio es que existe. Lo primero que nos haría pensar el diablo es que no está. Que no existe en este mundo, pero él es el primer agente del mal. También puede el diablo valerse de un corazón humano para hacer cosas oscuras.

- ¿Cómo hace para elegir a las personas que quiere?

- Eso es un misterio. Hay que recordar que son ángeles caídos dotados de inteligencia y poder. Por ende, puede tomar y poseer el corazón de una persona, su libertad, quizás por momentos, para hacer cosas realmente oscuras. Por ejemplo, si pensamos en los holocaustos del siglo XX, que por lo menos fueron cuatro, estamos hablando de la desaparición, el aniquilamiento de al menos un millón de personas. Por qué no notar allí también un influjo demoníaco en quien lo planifica, lo piensa, lo realiza.


Embed

*Aclaración: Error en el pisado del video: José Juan García


- ¿Qué sucede con las posesiones demoníacas? ¿Pudo ser testigo de alguna?

- En los 32 años que llevo de ministerio sacerdotal, solamente en tres ocasiones me han llamado. Muy alarmados, los familiares, para lo que ellos entendían que era estar poseído por el demonio. He ido, hemos rezado, he visto situaciones difíciles de comprender, mucha confusión. Recuerdo cuando una joven estaba en un momento de crisis, al principio no se distingue si es un brote psicótico o una posesión diabólica. Lo que hay que distinguir siempre, en primer lugar, es lo que puede ser una persona poseída (que son casos muy aislados, no hay que imaginarse fácilmente esto) de una persona que atraviesa una enfermedad mental psíquica o psiquiátrica y que puede ser momentánea. En ninguno de los tres casos que yo tuve fue propiamente un exorcismo. En dos de ellos, la Unción de los Enfermos, en el otro simplemente oración y remitirlos al médico. Nos dimos cuenta que en todos los casos no fueron personas poseídas sino más bien, sufrientes. Hay que tener optimismo con esto, porque se puede salir.

- ¿Se ha podía comprobar esa diferencia?

-Sí, claro. Para que la Iglesia envíe a una persona a realizar un exorcismo primero tiene que comprobar que sientes cosas raras, que hablan lenguas extrañas, o que tiene una fuerza física desproporcionada a la condición normal. Lo primero que va a hacer el obispo es cerciorarse de que no se trata de una enfermedad de orden psiquiátrico. Esto no impide que recemos y bendigamos a esa persona. La posesión diabólica puede tener estos signos más una vehemente aversión a Dios, a los santos. Como dijimos antes, una persona puede ser un instrumento del diablo.

- ¿Cuántos son los casos de exorcismos que se practicaron en San Juan?

-No tenemos un número. Esto se maneja bajo la órbita reservada del Obispo, quien es el que encomienda hacerlos o no. Para que no cunda el pánico, ante una situación de emergencia o por respeto a las personas, los obispos son cautos y reservados al momento de encomendarle a un sacerdote la labor de exorcismos para casos particulares.

- Sobre las presencias malignas, hay muchas historias de personas que manifiestan ver sombras negras, sienten ruidos o voces. ¿Cuáles son los signos verdaderos que una persona puede reconocer cuando hay posesión o hay una presencia?

-Es una muy buena pregunta y hay un poco de lo que estábamos diciendo. Cuando brotan de una persona alaridos, gritos y una fuerza desproporcionada a su condición, el hablar, escuchar o sentir voces hablando en diversas lenguas y entenderlas, o transmitir un mensaje en distintas lenguas al mismo tiempo; ver sombras o ver oscuridades donde realmente no las hay. Eso sumado a una aversión (rencor) al nombre de Dios, al crucifijo, al nombre de Jesús o a objetos sagrados, podrían dar en principio la señal de que estaríamos ante una eventual influencia maligna. Pero insisto en que lo primero que hay que hacer es ir a médico y pensar en la posibilidad de un brote psicótico.

- ¿Qué pasa con la brujería y los "trabajos" que una persona hace para hacerle el mal a otra?

- No hay que hacerlo de ninguna manera. Yo no creo en las brujerías. Un auténtico cristiano cree en la reconciliación, en el amor y en el perdón. Lo que hay que pedirle a la gente es que no acuda a cosas por el estilo. Primero, porque no tienen efecto...

- ¿O tienen efecto en el que cree?

-Puede una persona estar sugestionada. Si nosotros acompañamos a una persona a que haga una brujería, le estamos haciendo daño.

-En San Juan es muy común que haya familias que crean en los "trabajos" y a lo largo de la historia siguen creyendo en eso. ¿Cómo se hace para cortar?

-Sí, me han llamado mucho porque a familias les pusieron sal en la puerta, o encontraron cosas. Bueno, hay que acompañarlos bendiciendo la casa con agua bendita, por ejemplo. Frecuentar la palabra y los sacramentos, son el mejor antídoto. Hay que romper con el determinismo, "que a mí me dijeron que acá antes vivió tal y esta casa está embrujada", eso no existe.


Embed


- ¿Qué pasas cuando una persona muere?

- Se produce lo que se llama, "estado del alma separada". El cuerpo con la muerte se descompone, pero el alma sobrevive por ser un principio de vida espiritual. Sin material no se puede desvanecer con la muerte. Creemos firmemente que el alma está llamada a vivir con Dios para siempre en el cielo. También puede haber un tiempo de prueba, por sus faltas y sus pecados, que es el purgatorio. Sino vivir con la mano levantada contra Dios para siempre que es el infierno. Es un estado de soledad y abandono que la misma persona ha buscado a lo largo de su vida. Las almas de las personas fallecidas no nos pueden dañar. ¡Tranquilos con esto! Si están en el cielo, nos favorecen.

Comentarios