San Juan
Domingo 25 de Marzo de 2018

El Nunca Más que yo quiero

Hace 42 años un golpe militar iniciaba el que denominó "Proceso de reorganización nacional", una premisa que escondía la más cruel y genocida dictadura militar de la Argentina y de toda Latinoamérica. Hoy es necesario revalidar nuestro título de libres; libres para pensar, para actuar, para decidir y para ser responsables por el presente y el futuro de nuestro país.


Los hechos que se sucedieron en 1976 han marcado nuestra historia, también nuestro carácter y definieron fortalezas en un pueblo que por aquellos años tenía de un lado a los militares y por otro a los montoneros que fueron aniquilados en algunos casos, exiliados; o detenidos y torturados en otro. Las Juntas militares con la suma del poder público; se encargaron de borrarlos. En el país se han sucedido actos que recuerdan aquello y cada 24 de marzo lo que se busca es que no olvidemos nuestro pasado, porque es la única manera en que podemos reivindicar nuestro porvenir. Un país no puede avanzar jamás mientras el pueblo esté entre la disyuntiva de uno u otro bando; un país avanza en la medida en que aún por las diferencias de pensamiento, de religión, de militancia política esté el bien común por sobre todas las cosas. Suena lindo pero lograrlo parece no tan fácil.


"No estoy de acuerdo con tus ideas, pero defiendo el sagrado derecho a expresarlas"; frase que se le adjudica a Voltaire pero que en realidad nunca dijo; sino que la utilizó la biógrafa británica del autor francés; Evelyn Beatrice Hall, en el libro "Los amigos de Voltaire" y que se publicó en 1906. La autora británica, recreó una falsa conversación con lo que pretendía mostrar las bases del talento y las ideas progresistas y liberales del ilustrado francés. Más allá de dicha esa frase o inventada; resulta un buen slogan para tener en cuenta cada vez que nos enfrentamos sea cual fuere el tema en discusión. Hoy resulta no muy fácil tener una defensa de ideas, sin que haya una agresión, insulto o menoscabo al expresarlas. El odio, el rencor y la victimización aparece y me atrevo a decir que mucha gente no se expresa para no tener que soportar el embate permanente de aquél que piensa de otra manera.


"El nunca más" que yo quiero busca limar esas distancias. ¿Será tal vez muy romántico lo mío o idealista absurdo en la quimera de que alguna vez eso no exista? ¿Será que es condición humana, el hecho de enfrentarnos siempre y si no hay motivo, crearlo? Estoy convencida que cuando hay posturas enceguecidas de un lado o de otro, nada puede conducir a un buen resultado; ni los montoneros con su plan idealista en la década del 70, ni los nefastos militares. Ni los K y los Pro, Ni los buenos y los malos. En definitiva las posturas extremistas nunca reconocen más que la verdad en la propia y niegan absolutamente cualquier otro atisbo que la ponga en peligro. Nunca eso podrá ser algo positivo que encamine hacia la libertad y al crecimiento amplio con enfoques productivos.


Siento que el "Nunca más que yo quiero "ni siquiera es tema de preocupación y análisis para nadie y se ha convertido, el enfrentamiento, en moneda corriente a tal punto que éste, mi planteo puede resultar hasta gracioso por lo ingenuo. Hoy tenemos un presente que nos pone como actores principales donde tenemos el rol de vivir un país y dejar un país que sea el orgullo de nuestros hijos, siento que solo estamos profundizando distancias y apagamos el fuego con nafta cada vez que surge la polémica.


Mi lista de "Nunca más" incluye: nunca más pobreza, nunca más políticos corruptos, nunca más falta de educación, nunca más desempleo, nunca más mentiras, nunca más abusos, nunca más vergüenza ...


El desafío está en hacernos cargo. Soy el responsable de todos esos "nunca más" a los que les falta muchísimo para desaparecer, soy el que escribe esta parte de la historia y que tendrá el juicio más severo e implacable, el de la generación de nuestros hijos que ya transita el camino de las decisiones y que ve la hipocresía como un factor determinante en una sociedad que solo mira para atrás.

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