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Domingo 12 de Mayo de 2019

Determinaron que se trataba de un parásito lo que encontró una mamá en la carne que comían sus hijos

La nutricionista dejó el corte infectado en el área de Bromatología y luego de dos semanas se determinó que se trata de una especie de "toxocara vitulorum".

///Marcela V. Silva


Hace dos semanas que se conoció que una mamá de profesión nutricionista encontró un parásito en las costeletas que había cocinado para darle de cenar a sus hijos. Luego de esta denuncia viral se determinó que verdaderamente la carne estaba infectada.


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El estudio se realizó en el área de Bromatología dependiente del Ministerio de Salud Pública, quien determinó a través de un análisis que se trata de un gusano denominado "toxocara vitulorum". Esta especie también conocida como Neoascaris vitulorum es un parásito redondo (nematodo), gastrointestinal específico de bovinos.

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El estudio fue entregado días atrás y la joven nuevamente lo publicó en las redes sociales. "Al final después de escuchar que eran lombrices, nervios de la carne o simplemente que era mentira... Acá les comparto el resultado del estudio microbiológico... Parásitos. Si gente la carne que consumimos mis hijos y yo tenía parásitos. Algo terrible que no debería ocurrir" concluyó la profesional en su cuenta de Facebook. Por ahora se desconoce las medidas que se tomaran en contra del supermercado ubicado en un centro comercial de San Juan.


Otro temible parásito de la misma especie


Este nematodo en su estado adulto puede llegar a medir entre 8 y 15 centímetros. Vive en el intestino delgado del perro, pero sus huevos viajan por el intestino y son liberados en las heces del animal. Así es como pueden pasar a otros perros y, eventualmente, al hombre. Los adultos pueden infectarse si comen verduras cultivadas en tierra contaminada por los huevos y mal lavadas, por ejemplo. Pero lo más frecuente es que les suceda a los chicos, especialmente los más chicos que practican la geofagia (que comen tierra) y los que tienen costumbre de besarse con las mascotas.


Del huevo nacen las larvas de toxocara, capaces de penetrar las paredes del intestino y así transmitirse al resto del organismo humano, a través del torrente sanguíneo. Allí las larvas no encuentran el ambiente propicio para su desarrollo, por lo que se mantienen en estado larval y nunca llegan a ser adultas. Por eso a la toxocariasis se la conoce como larva migrans, en sus formas visceral, sistémica u ocular.


La toxocariasis puede remitir prontamente sin síntomas o volverse crónica. Detectada, puede tratarse con algunos antiparasitarios (diatricarbamacina, albendazol, mebendazol). Pero cuando adquiere la forma sistémica es capaz de provocar unas lesiones llamadas granulomas. Un granuloma cerebral puede causar un serio daño neurológico e incluso ser fatal. En el hígado, el corazón o los pulmones puede causar un daño irreversible.


En la forma ocular, explica la doctora Abudi, la larva llega hasta las células de la retina,, que constituyen una terminal arterial, y allí quedan depositadas, causando una lesión irreversible que puede llevar al desprendimiento de retina.


Efectos irreversibles en el ojo


Una vez que el parásito se ha alojado en el ojo, lamentablemente no hay mucho que se pueda hacer. Sólo cabe esperar que el daño no llegue a sus formas más graves. Al morir las larvas producen una toxina que es la que causa las peores lesiones. "Se intentó el tratamiento del parásito en la retina con láser, pero justamente al morir el parásito libera una toxina que hace que los resultados sean aún peores".


Estas lesiones suelen ser además muy dolorosas, y por su carácter irreversible pueden llevar incluso a la necesidad de extirpar el ojo. El único atenuante, si cabe expresarlo de esa forma, es que generalmente afecta un solo ojo; prácticamente no se conocen casos en que suceda en ambos.


La forma sistémica y la ocular se presentan por lo común en forma separada, aunque también pueden darse ambas a la vez. Cuando se detecta infección por toxocara, se debe realizar urgentemente un examen de fondo de ojo para ver la retina. La mayoría de los pacientes que ingresan por problemas oculares tienen entre 8 y 12 años.

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