San Juan
Sábado 12 de Octubre de 2019

¿Desastre? No, de sastre

/// Por María Alejandra Araya


-¡Qué desastre de vida!



Le había contestado una compañera del gym a La vaga. La opinión se la había dado sin pedírsela luego de preguntarle modo-me interesa: ¿cómo va todo?



A ver, La vaga y el Igna habían sacado abono p´a la desgracia. Rachas de mala suerte. Karma, destino, pruebas, para algunos. Uno que otro metió la cruz y su peso. El becqueriano poema: "Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja, que en mi camino fatal, alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja", se adecuaba perfectamente.



En ese contexto, la gynera-enunciadora dio su definición. Sin embargo, los discursos dicen más por lo que callan, que por lo que manifiestan. Hacía un tiempo, la mujer le había comentado a La vaga cómo en una situación muy parecida habían decidido actuar ella y su marido. Ya era tarde para lamentos porque la debacle fue mortal.



La vaga y el Igna la estaban peleando juntos en la misma trinchera. Habían determinado hacerlo más allá de los resultados. Eligiendo el camino más duro, menos económico. Del 2 a 0 con el que se fueron a los camarines terminado el primer tiempo, ya iban 2 a 1. Empezado el segundo, el Igna se desmarcó, mareó al defensor y la clavó al ángulo. Una jugada de pizarrón que, en las prácticas, diseñaron con La vaga. Quedaban aún, 40 minutos. Y, ya se sabe, los partidos se juegan hasta el final.



El desastre era lo que ella veía, culposa, en el espejo de La vaga, no la situación de La vaga. "A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de las novelas concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias". (Gracias, Borges)



Reseteada y enérgica, La vaga, terminó la clase con un plus de lucidez. ¿Desastre? No, de sastre. Su vida es "de sastre". Una confección a medida donde hay que cortar, armar, coser y probar hasta que quede una pieza no perfecta, sino lograda. Porque siempre, indefectiblemente, las cosas son como se las interpreta.


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