San Juan
Sábado 20 de Abril de 2019

Celosía


///Por María Alejandra Araya -Columnista-

Una docena de enanos hamacándose en los pelos de la nuca. Eso sintió La vaga cuando vio la escena del Igna y la amiga emprendedora en el Plumerillo. ¿Habían viajado juntos? ¿Habían estado juntos? ¿Qué había entre ellos?


-¿Anita? Tiene un taller de joyas artesanales y tomó este working en Buenos Aires. Hemos participado de otras capacitaciones, la conozco de vista. ¿Qué pasa? ¿Estás celosa?



Esa última pregunta fue apagar un fuego con nafta. ¡Seee! ¡Claro que estoy celosa! ¿Por qué no iba a estarlo? No me vengas con ese discursito de coaching superador: es falta de seguridad, no me tenés confianza y una sarta de frases hechas. En vez de eso, La vaga, dijo:



-Explicame en el camino, manejo yo.



El Igna venía cansado, tres días de entrenamiento para poner en marcha la nueva línea de productos y servicios de "Valle del Warpe" lo habían dejado con su cabeza llena de ideas e innovación.



¡Tanto escándalo por una pavada! ¿Una pavada? Más allá de que la joyera no era su target, la conexión que tenía con La vaga era de otro planeta. Sin embargo, debía aprender en éste y como todos los seres: por espejo. Ahí le cayó la ficha. Comprendió que él también había sentido ese estado de celosía al ver a La vaga atendiendo el lavadero y andando tan emancipada y decidida por la vida.



Comprendió que debía correrse del divismo macho, dejar de hacer preguntas obvias y crueles, que no hay nada más bonito que ver sonreír a su mujer y encontrarla entre la gente, esperándolo. Comprendió que había heredado la acepción hegemónica de los celos, aquella que hace referencia a la posesión y control enfermizo y no la otra, la que sale renglones más abajo, que dice: esfuerzo, desvelo, cuidado que una persona dedica a algo o a alguien.



Comprendió que el amor es desear con fuerzas que el compinche de aventuras se sienta en paz y sea feliz. Comprendió que la confianza, ese capital feble entre dos personas, se alimenta de respeto y tolerancia.



Atardece en la ruta. El Igna toma el equipo de mate. Mientras lo prepara, empieza a desgranar los hechos, a describirlos, a responder con paciencia cada pregunta de su amada. Los enanos juguetones desaparecieron. El mundo es una interpretación.

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